La cohesión social en Garrucha se puede fraccionar solo por el empecinamiento de un Equipo de Gobierno que parece ir a la deriva, al atender una acción política que no corresponde a los intereses de las garrucheras y de los garrucheros.
Se molestan cuando digo que Garrucha se ha erigido en un laboratorio político del PP, pero hoy más que nunca adquiere especial relieve esta aseveración fundamentada que, en mi opinión, nunca debería haberse atendido. Tanto por mi acción política como por mi profesión he combatido, y no solo desatendido, la nula autonomía local, porque siempre he pensado, desde mi más temprana juventud, que la imposición provincial, autonómica y nacional a una actividad política local es literalmente contraproducente y en muchos casos puede conducir a lo que estos días se está observando en Garrucha.
De seguir la fractura social, que está desencadenando el despido laboral de dieciocho trabajadores de Urbaser para supuestamente atender requerimientos político-empresariales foráneos, el número de antidisturbios que llegaron a Garrucha para sofocar la rebelión del gobernante PP contra la socialista Junta de Andalucía se podrían quedar cortos cuantitativamente, por cuanto lo que ahora está en juego es algo más que un asunto político fruto de una controversia personal.
Políticamente no se puede rescindir el contrato a una empresa cuando solo ha transcurrido la mitad de una concesión por diez años para inmediatamente contratar a otra, es de suponer que por intereses ocultos, sin que socialmente no provoque un profundo malestar. Pero si además el despido al que se han visto abocados dieciocho trabajadores se politiza, la garantía de estallido social parece fuera de toda duda.
Y quien ha introducido la política en la controvertida acción del Equipo de Gobierno no ha sido precisamente su opositor PSOE sino paradójicamente el propio PP, primero en la demora del comienzo de la sesión plenaria ante la llegada de una edil autocalificada ‘popular’ y en segundo lugar por el vil desmentido que la propia concejal y conspicua representante de esta organización política a nivel local hizo al Alcalde ya que al mismo tiempo que el regidor la disculpaba ella se paseaba por la más céntrica y neurálgica calle.
No se puede argüir que se rescinde el contrato a una empresa por problemas económicos y a la semana siguiente contratar otra empresa, porque lo que se está transmitiendo a los garrucheros y garrucheras es que se ha despedido a unos trabajadores por el mero hecho de haber sido contratados durante la etapa de Gobierno del PSOE y ahora se desea encontrar un puesto de trabajo a unos afiliados al PP gobernante. Esta simpleza es lo que el Equipo de Gobierno de Garrucha está transmitiendo a sus convecinos y convecinas, y ante esta percepción es obvio que el primer Partido Político en la Oposición se ponga al frente de las inquietudes de un amplio sector de la población.
Desde mi adolescencia siempre he pensado en la fidelidad que refleja el proverbio “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, y para el PP gobernar para todos los ciudadanos y ciudadanas es lisa y llanamente gobernar para unos pocos, y aquí tenemos la evidencia, otra prueba que desmonta tal afirmación.
Desconozco a última hora de esta tarde hacia donde conducirá Garrucha su Alcalde, porque el problema que ha provocado el encierro, por primera vez en la Historia del municipio, de los concejales del Grupo Socialista en la Casa Consistorial, es únicamente responsabilidad suya, más bien un alarde de irresponsabilidad política porque la documentación pedida por el PSOE para someterla al buen criterio de la Justicia va a tener que dársela, como diría la VicePresidenta Sáenz de Santamaría, “sí o sí”, y a medida que vaya pasado el tiempo se puede ir demandando responsabilidad civil subsidiaria al Regidor como persona y no solamente al Ayuntamiento como Ente.
Esta negativa del Alcalde a ofrecer al PSOE la documentación relativa a la contratación de la nueva empresa de limpieza supone un acto de oscurantismo político pero mucho más una actitud dictatorial, radical y sumida de lleno en la irresponsabilidad política que solo puede provocar la ruptura de la convivencia social en Garrucha, y todo en balde porque al final le va a tener que entregar al PSOE la documentación requerida.







Hay en Garrucha tanto que investigar que´tal vez habría que empezar por buscar quien financió la costosa campaña electoral del 2007, y podríamos ver la luz en las sombras garrucheras.