José Antonio Griñán ha limpiado la era, que es lo mismo que decir que ha liberado al Partido prescindiendo de los funcionarios políticos que pensaban que habían adquirido el cargo público para toda su vida laboral, lo que le ha restado el apoyo de los profesionales de la política.
Pero, además de conseguir la lógica oposición de los profesionales de la política, la propia idiosincrasia de esta organización política le convierte en un Partido Político donde resulta casi imposible conseguir la unanimidad, a diferencia del Partido Popular donde todas sus elecciones se saldan por aclamación o por unanimidad. Sin pretender establecer un cuadro comparativo entre las dos fuerzas políticas mayoritarias, si conviene conocer su idiosincrasia para poder valorar en su justa medida comportamientos como el desencadenado este domingo en la elección de la Comisión Ejecutiva Regional y que ha proyectado una imagen a la sociedad que no se corresponde con la realidad.
Como digo, en el PSOE nunca, prácticamente, se conseguirá la unanimidad en una votación, porque los mecanismos internos de esta organización política son sumamente abiertos a la discrepancia que conlleva la libertad de opción sin el temor a ser víctima de su coherencia y ante la consecución de un plus que le pueda ser reportada la hipocresía. En cambio, lo que prima en el PP es la hipocresía como filosofía que inspira el comportamiento de su clase política dirigente, y se manifiesta en lo cotidiano pero de manera elocuente en los resultados de cualquier elección, donde sempiternamente se consigue, como reseñaba, la unanimidad o la aclamación, para a renglón seguido escuchar en la intimidad que utilizaba Aznar para hablar catalán las mayores barbaridades que se pueden decir sobre personaje político alguno.
No son dos morales, sino que son dos modelos implantados por sus clases políticas dirigentes. Y como parece que ampliando es como mejor se entienden las cosas, resulta fácilmente constatable la diferencia de coste que las dos fuerzas políticas pagan elect5oralmente por una misma causa. Mientras el PSOE está pagando aún el ‘Caso Juan Guerra’, en el PP se jactan de no verse afectados por el ‘Caso Gürtel’, con lo que la corrupción política está bien considerada para el PP y castigada para el PSOE; pero, además, existe la extendida opinión de que la causa de la crisis económica que nos aqueja es atribuida al PSOE y nadie repara que la política de la construcción que la motivó fue fruto del PP, y se sigue pensando estos días que San José Luis Rodríguez Zapatero es el responsable de la actual crisis económica y que será Mariano Rajoy el salvador que nos sacará de ella.
La percepción con que la sociedad española valora a PSOE y a PP es totalmente distinta e injusta, cuando no opuesta, impermisible hasta la intolerancia hacia el PSOE y permisiva hasta la repugnancia hacia el PP, donde cargos públicos en la cúspide no llegarían ni a la base orgánica en el PSOE. Los hechos nos hacen pensar en la existencia de dos modelos políticos absolutamente opuestos en valores.
En mi opinión, no están corriendo buenos tiempos para el PSOE, particularmente en el espacio de comunicación social en el que se proyecta una imagen distorsionada, por conocimiento o por interés, de algunos hechos políticos en el seno de la organización política como es el objeto de atención. La mera observación nos conduce a atender un resultado electoral como el justo reflejo de las corrientes de opinión internas existente en dicha organización política, en contraposición con el resultado moldeado sobre una turbulencia en la otra fuerza política. Y a propósito, me llama poderosamente la atención que, debido a la aceptación conseguida en los epítetos empleados, palmeros y pesebreros valoren hechos y comportamientos internos de otras organizaciones políticas sin el menor pudor cuando tienen en las suyas auténticos volcanes.
Por tanto, lo acaecido en el seno del PSOE durante este fin de semana corresponde a un elogiable acto de libertad por parte de los representantes socialistas, algunos de los cuales han manifestado su contrariedad por no haber conseguido su renovación y observar el final de la carrera profesional en que habían erigido su actividad política. Esta discrepancia se ha manifestado con su voto en contra al cargo orgánico que debiera haber servido de plataforma para mantener, o en su caso conseguir, el cargo público que les hubiera procurado una compensación económica mayor y la consiguiente estabilidad.
Desde mi punto de vista, no parece desacertado el perfil del que se ha rodeado José Antonio Griñán, no solo desacertado no me parece sino que pienso que es elogiable este acto de fuerza que el nuevo Secretario General ha hecho al haber conformado una dirección regional para el PSOE capaz de afrontar el futuro con éxito. Griñán parece haberse desprendido de los palmeros y pesebreros profesionales y ha conseguido una tímida refundación del PSOE y una sólida, por fuerte, regeneración política cuyos resultados se plasmarán en los próximos dos años.
La fuerza de esta dirección provincial reside en su regeneración política, y digo bien, porque la renovación no consiste en sustituir un personaje político de 60 años por uno de 30 sino que la regeneración se encuentra en la sustitución de criterios por valores, y esto es justamente lo que ha conseguido el flamante Secretario General al rodearse de colaboradores que tienen su vida hecha y ahora agradecen a la vida que lo que les resta por hacer, y lo harán, estoy seguro, con una mirada hacia el futuro. Por consiguiente, mi aplauso para esta regeneración política que José Antonio Griñán ha llevado a cabo en el PSOE-A.






