Discurso sobre el estado de la Unión de 2026 pronunciado por la presidenta von der Leyen

La versión original del discurso puede leerse aquí.
Solo dará fe el discurso pronunciado
Presidenta Metsola:
Primer ministro Carney:
Señorías:
«Era el mejor de los tiempos; era el peor de los tiempos.» Con estas palabras, Charles Dickens describe Europa en los días de la Revolución francesa, palabras que ofrecen también una fiel descripción del mundo en el que vivimos. La velocidad del cambio es vertiginosa. Los retos son excepcionales. Así pues, tras dirigir hoy mi mirada a Europa, les expongo aquí mi visión de la situación: el estado de nuestra Unión es el más robusto que nunca hayamos conocido. Al mismo tiempo, a veces tenemos la sensación de que el estado de nuestra Unión es el más precario de su historia.
Estas dos afirmaciones pueden parecer incompatibles. Pero ambas son ciertas. Y reflejan este excepcional momento. Esta compleja era de grandes posibilidades y grandes peligros, en la que todos los países buscan su ruta.
En este mundo, Europa ha optado por forjar su propio camino. Y ahora emerge una Europa más fuerte. Una Europa independiente.
Una Europa que afianza su prosperidad. Que se libera de su tóxica dependencia respecto de los combustibles fósiles rusos. Que se ha convertido en la mayor potencia comercial del planeta. Que está transformando su política industrial sin cejar en la defensa de nuestro singular modelo social.
Una Europa que es más capaz que nunca de defenderse. Que se ha replanteado radicalmente el enfoque que aplica a la protección de nuestras patrias. Que, tan solo en los últimos cinco años, ha aumentado el gasto en defensa en casi un 80 %.
Una Europa donde nos defendemos los unos a los otros. Al igual que nos mantenemos al lado de Ucrania en su lucha por su futuro y por nuestra libertad. O cuando apoyamos a Groenlandia cuando estaba amenazada. O cuando los drones, los ataques híbridos o la desinformación se ciernen sobre nuestras democracias.
Todo esto demuestra una cosa: que Europa nunca abandona a los europeos. Y que, en la fría fragilidad del mundo actual, solo Europa puede ofrecer una verdadera soberanía a los europeos.
Y por lo tanto, señorías, esta es una Europa de la que podemos sentirnos inmensamente orgullosos.
Al mismo tiempo, todos somos conscientes de las amenazas a las que nos enfrentamos. Al desvanecerse todo lo que dábamos por supuesto y deteriorarse las relaciones tradicionales, nos hallamos ahora frente a un mundo abiertamente hostil. Una guerra territorial de agresión hace estragos en nuestro continente; otras han estallado en nuestra vecindad. La lucha por las capacidades industriales está configurando la competencia mundial. Y una pugna de relatos trata de debilitar la confianza en Europa; de paralizar nuestras democracias.
Pero las preocupaciones de los ciudadanos no solo se derivan de estas grandes amenazas mundiales. Los efectos de las numerosas crisis se hacen patentes en muchas familias europeas, sobre todo en el coste de la vida y de la vivienda. La vertiginosa velocidad del cambio y de la tecnología está afectando a nuestros puestos de trabajo, nuestros medios de subsistencia y nuestra sociedad. Y, además, está teniendo hondas repercusiones en nuestra democracia y en nuestro discurso.
Lo podemos apreciar en el auge de lo extremo, en la pérdida de matices, incluso en la forma en que nos relacionamos unos con otros.
Se están utilizando estas preocupaciones, que son reales, como arma para abrir una brecha entre nosotros. Unas veces desde el exterior y otras —con demasiada frecuencia— desde el interior. Pero nuestro camino está claro. Construir una Europa independiente que tenga la capacidad de actuar. Nada puede desviarnos de esta senda. Porque, en este mundo, el destino de Europa debe seguir en manos de los europeos.
Por lo tanto, nuestra disyuntiva está clara. ¿Queremos una Europa fuerte e independiente que defienda sus valores en este mundo? ¿O dejamos que nos frenen las divisiones y las dependencias? ¿Queremos agruparnos en torno a nuestra idea europea de que, juntos, podemos decidir nuestro propio destino? ¿O dejamos que nuestras democracias se vean socavadas por los esbirros y las marionetas de los autoritarios?
Da igual que se trate de los ultranacionalistas o de los antieuropeos, de la injerencia o de la desinformación rusas, los nombres pueden ser diferentes. Los nombres pueden cambiar pero, su objetivo es el mismo. Desprecian nuestros valores y desean quebrar nuestra unidad europea. Así pues, luchemos contra todo esto, luchemos también, juntos, por nuestra idea europea.
Señorías:
Nuestra economía ha resistido mejor de lo esperado a las repercusiones de las guerras en Oriente Próximo. Y el desempleo se encuentra en mínimos históricos. Pero las presiones derivadas del aumento de los precios de la energía y de los costes del endeudamiento atenazan tanto a particulares como a empresas.
Habrá que tomar claras decisiones de política fiscal para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas, protegiendo al mismo tiempo la inversión. Así pues, nuestra gran prioridad es reactivar la economía europea.
Disponemos de un enorme mercado, una industria y unos servicios de categoría mundial, un gran volumen de ahorro y una de las principales monedas del mundo. Y, pese a ello, seguimos fragmentando nuestro capital, nuestras redes y nuestro poder adquisitivo.
Por ese motivo, cuando iniciamos nuestro mandato, pusimos en marcha un plan audaz. Construir una economía en la que la innovación y la energía fluyan sin fronteras. En la que las empresas compitan y crezcan en toda Europa, y el ahorro financie nuestro futuro. Tal es la lógica de los informes Draghi y Letta. Y, juntos, estamos obteniendo resultados. Pero todas las instituciones, todas, tenemos que ser más rápidas.
Tenemos ya el acuerdo político sobre la hoja de ruta «Una Europa, un mercado». Y, antes de que termine el próximo año, podemos y debemos ultimar juntos esta revisión histórica del mercado único.
En la economía actual, la rapidez es esencial. Un permiso o un formulario, una conexión a la red o una decisión de financiación: todos estos factores pueden determinar dónde se realiza una inversión. Dónde se crean puestos de trabajo. Tenemos que actuar con mucha mayor celeridad. Por ello, presentaremos propuestas para agilizar aún más la concesión de permisos.
Cuando los proyectos redunden en interés estratégico de Europa, tenemos que acelerar drásticamente los procesos. Y cuando la carga administrativa esté ralentizando a las empresas y las pymes, tenemos también que abreviarlos al máximo.
Como ya sabrán, nuestras doce propuestas ómnibus están reduciendo la carga administrativa por un valor cercano a 17 000 millones de euros al año. Pero la simplificación no puede ser una vía unidireccional. Los interlocutores de todos los niveles tienen que ponerse manos a la obra. Hace mucho que venimos hablando de los daños que causa la sobrerregulación.
Señorías:
Sí, estamos haciendo todo lo posible a escala europea para reducir la burocracia. Pero creo que ha llegado el momento de que los Estados miembros redoblen sus esfuerzos. Si nos tomamos en serio la simplificación, necesitamos también un pacto contra la sobrerregulación.
Señorías:
Europa no puede seguir siendo una potencia industrial si los precios de su energía son estructuralmente demasiado elevados.
Cuando Rusia cortó el gas, nos defendimos. Nuestros suministros están ahora más diversificados. Y hemos invertido en nuestras energías limpias autóctonas: energías renovables y energía nuclear.
Pero entonces se produjo el cierre del estrecho de Ormuz. Y, una vez más, pagamos la tremenda factura de nuestra dependencia general de los combustibles fósiles importados. Desde que se inició el conflicto, los combustibles fósiles importados nos han costado 90 000 millones de euros adicionales, sin que ello nos añada ni una sola molécula de energía.
Por lo tanto, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para obtener una energía limpia asequible y autóctona. Ya se trate de energías renovables o energía nuclear, o de biometano y otras. Soluciones tecnológicamente neutras, pero que deben procurarnos la independencia.
Para lograr esta independencia, tenemos que electrificar Europa. Nuestro objetivo es duplicar la cuota de la electricidad de aquí a 2040. De alcanzarlo, Europa podría reducir su factura de importación de combustibles fósiles en 260 000 millones de euros al año. Pero también tenemos que garantizar que la electricidad que generamos esté disponible.
El año pasado instalamos más de 80 gigavatios de capacidad renovable. Pero aún queda por conectar una capacidad seis veces superior. Esta es la razón por la que necesitamos, de forma tan urgente, el paquete de medidas sobre las redes eléctricas.
Debemos invertir con mayor rapidez. Acelerar las conexiones a la red. Ampliar la capacidad de almacenamiento. En suma: hagamos que el futuro de Europa sea eléctrico.
Señorías:
Podemos reducir los precios de la energía, invertir e innovar más y reformar nuestras economías. Pero todos estos esfuerzos son infructuosos si nuestras empresas no compiten en igualdad de condiciones.
Nuestro déficit comercial con China es en estos momentos de 1 000 millones de euros, ¡al día! Ha alcanzado un punto crítico. Hay quienes dicen que el segundo «shock de China» es inminente. Pero ya está aquí. Se deja sentir en nuestras comunidades y en nuestras fábricas en toda la Unión. Conduce a la desindustrialización de los núcleos industriales de Europa. Es una situación insostenible.
Y es el motivo de que hayamos entablado un diálogo con China para reequilibrar nuestro comercio. Diálogo que debe, ahora, arrojar resultados. La menor demanda interna de China significa que también necesita nuestro mercado europeo. Así que redunda en interés de ambas partes trabajar juntas en busca de soluciones.
Quiero ser clara: utilizaremos todos los instrumentos a nuestra disposición para reequilibrar nuestra relación. Las palabras son importantes. Pero los hechos valen más.
Y hay otro argumento. Todavía tenemos demasiadas dependencias peligrosas. Dependemos de China en más del 80 % para muchas materias primas fundamentales, y en el 90 % para algunas tierras raras. Hemos hecho mucho. Pero no somos los únicos que estamos intentando diversificar. Tenemos que abastecernos y ampliar nuestras reservas, de forma urgente.
Ningún país puede conseguir este objetivo por sí solo. Así que tenemos que cambiar nuestra forma de pensar. Esta es la razón por la que crearemos una nueva Corporación Europea de Materias Primas Fundamentales. Esa entidad nos ayudará a obtener y almacenar cuanto necesitamos para los coches eléctricos, los chips y las baterías, las tecnologías limpias y la defensa. Y para muchas otras cosas.
De ello no depende solo nuestra industria, sino también nuestra independencia y seguridad.
Esto me lleva a mi punto siguiente: la financiación. Hablando muy claramente: nuestro presupuesto define nuestro futuro. Y todo presupuesto moderno necesita nuevos recursos propios.
Debemos crear las condiciones que permitan a nuestras empresas atraer inversiones y crecer. De ahí que nuestra labor en torno a la Unión de Ahorros e Inversiones sea tan esencial. Pero el desarrollo de los mercados de capitales requiere tiempo. Y las necesidades de nuestras empresas son apremiantes. Necesitamos un sistema bancario construido para el crecimiento, no solo para la estabilidad.
Por ello, presentaremos un nuevo paquete bancario centrado en la simplificación y en la lucha contra la fragmentación. Sabemos que la demanda de capital está ahí. Pero necesitamos una mayor capacidad de riesgo y una mayor propensión al riesgo.
Nuestras empresas emergentes de tecnología profunda avanzan a buen ritmo para atraer, en 2026, una inversión récord de capital riesgo. Ese es el motivo por el que el año pasado anuncié un nuevo Fondo Europeo para Empresas en Expansión.
Un año después, se han realizado las primeras inversiones en empresas como ICEYE. ICEYE fue creada por dos jóvenes europeos: Rafał, de Polonia, y Pekka, de Finlandia. Se conocieron a través de Erasmus hace unos quince años. Se unieron para fundar una empresa emergente tecnológica. Desarrollaron su idea en torno a las imágenes por satélite. Obtuvieron financiación del programa Horizonte. Demostraron que su tecnología funcionaba. Crecieron gracias a la inversión privada. Y, hoy en día, constituyen una de las empresas líderes en tecnología espacial del mundo, con oficinas en Finlandia, Polonia, España y Grecia.
La historia de ICEYE pone de manifiesto que Europa es el continente de la innovación. Y que podemos reavivar el espíritu emprendedor de Europa.
Estoy encantada de tener hoy aquí con nosotros a sus fundadores. Señorías, demos juntos la bienvenida a Rafał y Pekka, protagonistas de todo un ejemplo de éxito europeo.
Señorías:
Estos son los fundamentos económicos de Europa. Pero nuestra prosperidad y seguridad futuras dependerán en gran medida de cómo gestionemos los puntos de inflexión que marcan nuestra era: el cambio climático y la IA.
En cuanto al cambio climático, este verano ha sido el verano de la verdad, en el que casi ninguna zona de nuestro continente ha resultado indemne. En Bélgica, en la zona de las Hautes Fagnes, una turbera formada a lo largo de varios siglos ardió hasta convertirse en un erial cubierto de cenizas.
Las llamas asolaron desde las montañas de Irlanda hasta las islas de Grecia y Croacia. En los Alpes, los antiguos glaciares siguen retrocediendo día tras día. Todos estos elementos tienen un efecto simplemente devastador: 660 000 hectáreas reducidas a cenizas. Unos doce millones de toneladas de cultivos, perdidos.
Ríos tan fundamentales como el Danubio, el Rin y el Garona se están desvaneciendo ante nuestros ojos.
Al menos 35 000 muertes más durante las olas de calor, con residencias de ancianos y hospitales afectados por sobrecalentamiento hasta alcanzar temperaturas peligrosas. Y todo esto no es más que un anticipo de lo que está por llegar.
Estos han sido los meses de verano más cálidos de la historia, pero probablemente los más fríos de los años venideros.
La ciencia lo afirma con claridad: Europa se calienta dos veces más rápido que la media mundial. Por supuesto, la transición es compleja. Y tendremos que adaptarnos y aprender sobre la marcha.
Pero no hay ninguna duda: Europa mantendrá el rumbo hacia la consecución de sus objetivos climáticos. Puede y debe hacerlo.
Señorías:
No es una cuestión de mitigación o adaptación. Las dos son necesarias y deben reforzarse mutuamente. Es la única manera de alcanzar la resiliencia frente al cambio climático. Pero tenemos que reforzar drásticamente la preparación.
El mes que viene presentaremos un nuevo marco para la resiliencia frente al cambio climático. Determinaremos cien de los territorios más vulnerables de Europa. Y evaluaremos los riesgos y a qué nivel deben gestionarse.
Este marco aportará un enfoque que incluya a toda la sociedad, hasta el nivel local, donde la adaptación es aún más importante. Y su objetivo será convertir a Europa en el líder en el ámbito de las tecnologías de adaptación al cambio climático, un enorme mercado emergente.
Tanto si hablamos de cultivos resistentes a la sequía, prevención de inundaciones o refrigeración eficiente desde el punto de vista energético, Europa ya es líder. Y debemos captar este mercado.
En la actualidad, solo alrededor del 25 % de las pérdidas debidas a catástrofes en Europa están cubiertas por seguros privados, lo que significa que, con demasiada frecuencia, los presupuestos nacionales se convierten en la aseguradora de último recurso.
Tenemos que adoptar medidas para colmar esta laguna. Por ello, la Comisión creará una alianza de seguros climáticos.
Señorías:
Lo que ha pasado este verano no se puede repetir. Por eso, próximamente también presentaremos un plan europeo contra las olas de calor. Necesitamos mejores sistemas de alerta temprana y una mejor preparación en materia de sanidad. Tenemos que promover la adaptación y la refrigeración urbanas. Y tenemos que apoyar a los más vulnerables.
El segundo punto se refiere a la seguridad hídrica y alimentaria.
Conocemos los riesgos relacionados con la escasez de agua para nuestros agricultores, nuestra energía y nuestras cadenas de suministro. Y sin embargo, en Europa, las tuberías pierden casi un litro por cada cuatro litros de agua, principalmente debido a fugas. ¡Qué desperdicio! Así pues, presentaremos una nueva iniciativa europea para el agua. Porque el agua es preciosa, tanto para nuestra industria como para nuestra seguridad alimentaria.
Los cultivos necesitan agua para crecer y el ganado la necesita para sobrevivir. De ella dependen cosechas enteras. Por este motivo presentaremos propuestas para mejorar la gestión de riesgos y abordar las deficiencias en materia de seguros.
Una vez más, los agricultores y ganaderos europeos han estado a la altura del reto que ha supuesto este verano interminable.
Señorías:
Los agricultores y ganaderos europeos son los mejores del mundo. Y les apoyaremos en todas las etapas del camino.
El siguiente punto se refiere a los incendios forestales. Cada vez son más intensos, más frecuentes y más extensos.
Estoy muy orgullosa de la respuesta de Europa. De ver nuestros efectivos europeos volando por todo el continente. Pero es evidente que tenemos que pensar de manera más ambiciosa y que tenemos que aprender más rápido.
Por ello, hemos pedido a algunos de los bomberos y personal de emergencia más veteranos de Europa que dirijan esta labor. Examinarán todos los aspectos relacionados con la preparación y la prevención. Desde la coordinación civil-militar hasta las necesidades de nuevas capacidades. Y les he pedido que presenten propuestas, por ejemplo, para crear una futura flota europea de extinción de incendios.
Solo este año, nuestros servicios de emergencia han salvado innumerables vidas y hogares. Y hay una historia que me gustaría contar. Es la historia de un piloto danés, Rune Kyndal.
Su pasión por la aviación le llevó a recorrer todo el mundo. Se instaló en una pequeña ciudad canadiense llamada Terrace y se convirtió en uno de los pilotos civiles más experimentados del país. Pero Rune quería poner su talento al servicio de una misión más importante. De manera que regresó a Europa para ayudar a combatir los incendios forestales a lo largo y ancho de nuestro continente.
En julio llevó a cabo con éxito numerosas misiones en toda Grecia. Después de eso, se suponía que iba a disfrutar de un merecido descanso. Pero la emergencia se encontraba en su punto álgido, así que Rune decidió quedarse.
Unos días más tarde tuvo un trágico accidente, con un funcionario de enlace del equipo de bomberos.
Los dos murieron. Murieron como héroes.
He pedido a la madre y a los hermanos de Rune que estén hoy aquí con nosotros como invitados especiales.
Querida Margit, querido Tue, querido Kaare:
es un honor teneros con nosotros. Rune dio su vida para salvar a otras personas. Hoy, toda Europa está en deuda con él.
Señorías:
El segundo punto de inflexión que marca nuestra era es la inteligencia artificial.
La IA se está convirtiendo rápidamente en un elemento fundamental de nuestra economía y nuestra seguridad. La posición de Europa es clara. Queremos aprovechar al máximo la IA para mejorar nuestra sociedad, nuestra calidad de vida y nuestra productividad.
Soy optimista y considero que la IA tiene el potencial de beneficiar a la humanidad, si hacemos las cosas bien. Pero, como ocurre con cualquier nueva tecnología potente, la IA lleva aparejado todo un equilibrio de posibilidades y riesgos. Si no abordamos estos riesgos, nunca podremos aprovechar las posibilidades de la IA.
A medida que los modelos de frontera tienen una capacidad cada vez mayor, estos riesgos están cobrando mayor relevancia.
Los modelos que se están desarrollando permitirán llevar a cabo actividades de piratería informática a una escala que nunca habríamos pensado que fuera posible. Y pronto estarán en manos de adversarios que ven el mundo de manera muy diferente a nosotros.
Al mismo tiempo, los peligros de los modelos de automejora se hacen cada vez más evidentes.
Los incidentes de los agentes de IA que se salen de su entorno o introducen códigos maliciosos son solo un pequeño ejemplo. Tras el incidente de HuggingFace, los desarrolladores están dando la voz de alarma. Y los directores generales de las empresas más avanzadas nos dicen que ha llegado el momento de poner freno a los modelos de automejora recursiva. De marcar el ritmo del desarrollo de la tecnología de vanguardia.
Si las personas que están desarrollando la tecnología lo tienen claro, nosotros también deberíamos tenerlo claro. Por supuesto, el Reglamento de Inteligencia Artificial es un elemento crucial para establecer salvaguardias. Y sitúa a Europa en una posición privilegiada para poder influir de forma decisiva en las iniciativas mundiales para hacer frente a esta situación.
Así que reforzaremos nuestra colaboración con nuestros socios afines, como Canadá, el Reino Unido y otros socios. Queremos colaborar en la evaluación y verificación de los modelos, la alerta temprana, la seguridad de la IA y muchas cosas más.
Invitaré a los principales laboratorios de vanguardia a un debate sobre cómo podemos apoyar los esfuerzos en curso de la industria para marcar el ritmo de la tecnología de frontera.
Señorías:
Es cierto también que Europa necesitará sus capacidades propias, en particular para proteger nuestra seguridad nacional.
Tenemos que seguir siendo competitivos. Porque es crucial para nuestra independencia. Por lo tanto, tenemos que impulsar enormemente nuestra capacidad de computación. Y presentaremos nuestras ideas sobre cómo lograrlo de manera limpia y eficiente.
También desarrollaremos nuevas formas de utilizar fondos públicos y privados para invertir en las empresas europeas más prometedoras, ya sean empresas emergentes o sociedades consolidadas.
Señorías:
Al limitar los riesgos de la IA, podemos maximizar los beneficios. Ya hemos hecho mucho. En lo que respecta a las gigafactorías y la soberanía tecnológica, por ejemplo. Pero la siguiente etapa de esta carrera no trata solo de los modelos de vanguardia. Al igual que otrora sucediera con la imprenta, que fue inventada por un inventor alemán, pero se dominó y aplicó en toda Europa Occidental.
No es necesario que seamos los que desarrollan la tecnología de frontera, sino los que le sacan mayor provecho. La clave es crear el valor que la IA aún no ha aportado. Llevar la IA de las pantallas a la economía y la sociedad reales. En las plantas de producción. En las salas de los hospitales. En la agricultura de precisión. En nuestras redes energéticas. Para la conducción autónoma. Para la defensa.
Ahí es donde se oculta el valor real. Y es también ahí donde Europa tiene grandes ventajas. Tenemos industrias de categoría mundial que disponen de datos de la máxima calidad. Estos datos constituyen un valioso tesoro europeo. Gracias a ellos es posible impulsar modelos industriales de IA a medida.
Les pondré un ejemplo de tipo social. Sobre el cribado del cáncer de mama, una cuestión sobre la que muchos de ustedes han llevado a cabo una campaña incansable. El cribado mediante mamografía reduce la mortalidad en aproximadamente un 30-40 % entre las mujeres que lo realizan. La detección precoz es esencial. Y ahí es donde la IA puede intervenir.
Las mamografías con inteligencia artificial pueden detectar más cánceres y de manera más precoz durante el cribado. Y, como consecuencia de ello, más mujeres pueden sobrevivir. Por lo tanto, necesitamos IA para la salud. Pero, de nuevo, debemos hacerlo a la manera europea.
¿Quiero que mi médico tenga acceso instantáneo con IA a todos los datos necesarios para elegir el mejor diagnóstico o tratamiento? Sí, por supuesto. Pero, ¿quiero que mi médico sea un robot asistido por IA? No, por supuesto que no. No quiero que un robot me diga si tengo cáncer o no.
La cuestión es que la IA debe empoderar a nuestros médicos, no sustituirlos.
Este es solo un ejemplo. En la actualidad, estamos centrados en cinco de los sectores de mayor valor en los que la IA industrial tiene el mayor potencial y sobre los que disponemos de los datos necesarios: la salud, el transporte, la agroalimentación, la fabricación avanzada, la defensa y el espacio.
En noviembre anunciaremos iniciativas revolucionarias en estos sectores.
Invitaremos a los Estados miembros, a los diputados al Parlamento Europeo, a la industria y a los empresarios a unirse a nosotros en este ambicioso proyecto europeo.
Nuestro enfoque es claro. Queremos la IA. Queremos que la IA genere más valor de manera más responsable, y a un coste más bajo y con un menor consumo de energía. Pero, sobre todo, queremos una IA con intervención humana.
Señorías:
Esta es la manera europea.
Muchos de los riesgos de la IA también tienen repercusiones para nuestra economía social de mercado. Algunos afirman que la IA les permite acelerar las tareas repetitivas y hacer un mejor uso de sus capacidades. Pero es evidente que estos beneficios se distribuyen de manera desigual en función de las capacidades, generaciones y regiones.
Pensemos en los jóvenes y los obstáculos a los que se enfrentan, solo para obtener un primer empleo.
Nuestra respuesta debe ir en consonancia. Desde la educación hasta el empleo, la IA debe ayudar a desarrollar capacidades, mejorar la calidad de los puestos de trabajo y ofrecer a los trabajadores una oportunidad justa.
Por eso necesitamos una Ley de Empleo de Calidad. Y cumpliremos este objetivo antes de finales de año.
Señorías:
El año que viene celebraremos el décimo aniversario de nuestro pilar europeo de derechos sociales. Y seguiremos cumpliendo su promesa.
Invertiremos en nuestras regiones, para que todas las personas tengan «derecho a permanecer» en ellas. Pondremos en marcha el Pacto Europeo de Cuidados para abordar los retos relacionados con el cambio demográfico.
Acabamos de proponer la primera Ley de la Vivienda para hacer frente a los alquileres de corta duración y a la especulación en materia de vivienda.
Porque, señorías, permanecer en una región no es un privilegio. Los cuidados no son un privilegio. La vivienda no es un privilegio. Son derechos.
Cuando hace diez años proclamamos este pilar de derechos sociales, el mundo era diferente. Nuestra sociedad ha cambiado. En muchos sentidos a mejor, en otros no.
Hoy en día, nuestros valores fundamentales están siendo cuestionados. Algunas personas incluso quieren retroceder en los derechos de las mujeres. Devolvernos a una era en la que las mujeres eran ciudadanas de segunda clase.
Hemos luchado tanto por la igualdad de trato, la igualdad de oportunidades y la igualdad de retribución.
Echen un vistazo a esta sala. Por fin, somos muchas las que estamos aquí: presidentas, vicepresidentas, líderes de grupo, comisarias, diputadas al Parlamento Europeo, miembros del personal y ujieres.
Así pues, permítanme enviar un mensaje muy claro a todos aquellos que lo necesiten: las mujeres están aquí para quedarse. Defenderemos nuestros derechos. Y seguiremos defendiendo nuestros valores cada día.
Por este motivo, junto con mi querido amigo António Costa, organizaremos una cumbre para defender los principios duraderos de nuestro pilar social.
Es posible que los tiempos cambien y que las tecnologías cambien, pero no así nuestros valores. En Europa, las personas siempre serán lo primero.
Señorías:
En esta era de puntos de inflexión, nuestra prosperidad y seguridad no solo se construirán en casa.
Este año hemos firmado acuerdos de libre comercio con la India, Mercosur, México, Australia e Indonesia.
Ahora tenemos acuerdos comerciales con más de ochenta países, más que nadie en el mundo. Y las empresas nos piden más.
Hoy puedo anunciar un nuevo proyecto de conectividad internacional. Conectará el Cáucaso Meridional y Asia Central directamente con el mercado europeo, lo que denominamos el Corredor Intermedio.
A través de Global Gateway, nuestro objetivo será atraer hasta 12 000 millones de euros en inversiones públicas y privadas. Nuestro objetivo es diversificar las rutas, triplicar los flujos comerciales y reducir considerablemente los tiempos de tránsito de las mercancías de aquí a 2030.
Para hacerlo realidad, organizaremos una cumbre regional de conectividad con el primer ministro de Bulgaria.
Señorías:
Estas asociaciones son una opción estratégica para Europa. Pero también responden a la fractura del sistema internacional basado en normas.
Para algunos, la respuesta es seguir por sí solos. Pero para nosotros, esto no es una opción. Europa siempre liderará cuando se trate de defender el sistema basado en normas. Pero ya no podemos confiar en él como la única manera de garantizar nuestros intereses. Ni suponer que sus normas nos protegerán de las complejas amenazas a las que nos enfrentamos.
En este nuevo mundo, debemos reimaginar urgentemente nuestras asociaciones. Y forjar coaliciones mundiales en favor de nuestra resiliencia y nuestras democracias.
Y también en este caso, solo Europa, con su tamaño y su poder, puede tomar la iniciativa.
Y por eso he invitado al primer ministro de Canadá, Mark Carney a estar hoy aquí.
Mark, su presencia aquí es un símbolo de la amistad duradera entre nuestros ciudadanos. Nuestros vínculos culturales, históricos y personales están profundamente arraigados en el tejido de nuestras sociedades.
Y gracias al CETA, nuestro comercio de mercancías ha crecido un 75 % en menos de una década.
Esto demuestra el poder de nuestros acuerdos comerciales. Vemos el mundo con los mismos ojos: de la IA al cambio climático y del Ártico a la geopolítica. Y nos hemos mantenido unidos: con respecto a Ucrania, la defensa, las materias primas y las cadenas de suministro.
Pero por encima de todo, estimado Mark, Europa y Canadá creen en la democracia.
Creemos que ese poder no pertenece a los más fuertes, los más ricos o los más estridentes, sino a todos nosotros. Y es que las democracias tienen libertad para elegir con quién trabajar.
Así pues, estamos aunando fuerzas de forma voluntaria. Pasaremos del AECG a una Alianza para el Futuro con el fin de crear un espacio común de prosperidad y seguridad económica. Trabajaremos en la fabricación inteligente. Crearemos una alianza tecnológica. Integraremos las bases industriales de la defensa. Convertiremos el Ártico en un proyecto conjunto emblemático. Trabajaremos en los ámbitos de la energía, los minerales fundamentales y las baterías. De la seguridad de la IA y de la seguridad cuántica, cibernética y económica.
Se trata de una asociación que no va en contra nadie, sino en favor de nuestra fuerza común.
En resumen, queremos llevar la relación con Canadá al más alto nivel posible.
Estimado Mark:
Dije que debemos reimaginar urgentemente nuestras asociaciones. Así pues, me gustaría trabajar con usted para abrir la puerta a que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE.
Compartimos un océano, un conjunto de valores y una forma de ver el mundo. Y ahora también construiremos nuestro futuro común: ¡gracias por estar aquí!
Señorías:
La confianza de Europa en la cooperación siempre ha estado impulsada por la paz. Es nuestra razón de ser.
Hoy en día, esa paz está amenazada. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania se prolonga. Y las amenazas en nuestro suelo van en aumento. Esta última semana lo hemos visto en Dinamarca, Lituania y Polonia. La tentativa de ataque con drones en Leipzig es una prueba más. Tenemos que ser claros respecto a lo que fue esto. Un ataque con material militar perpetrado por agentes rusos en suelo europeo.
Un ataque no solo contra un Estado miembro, sino contra toda nuestra Unión.
Y, señorías, no lo permitiremos.
No debemos hacernos ilusiones sobre lo que está ocurriendo aquí: las amenazas híbridas a las que se enfrenta Europa son cada vez menos híbridas y cada vez menos amenazas.
Ciberataques y sabotajes, incendios provocados e incursiones de drones. Cada día son más. Así pues, a medida que aumenta el nivel de la amenaza, también debe aumentar la preparación de Europa.
Por ello propondré, junto con la AR/VP, una nueva estrategia europea de seguridad.
Ya disponemos de muchas herramientas. Y estamos reforzando nuestro trabajo con la OTAN. Pero nuestra doctrina, nuestras instituciones y nuestra toma de decisiones no han seguido el ritmo de la nueva realidad.
Nuestros sistemas se crearon para un mundo diferente. Están impulsados por intentos bien intencionados de consenso y compromiso. Pero tenemos que considerar si siguen siendo adecuados para su finalidad.
Por ejemplo, Europa necesita su propio manual para contrarrestar las amenazas híbridas. Necesitamos alcanzar urgentemente un consenso sobre cómo responder a determinados incidentes. Los que no llegan a constituir una agresión armada, pero suponen una clara amenaza para nuestra seguridad nacional. En otras palabras, un mecanismo para flanquear el «artículo 4» de la OTAN.
Creo que ha llegado el momento de que Europa adopte su propio artículo 4, o un protocolo de seguridad de emergencia. Que al ser activado por un Estado miembro, haga que todos los Estados miembros se reúnan. Para coordinar una respuesta europea. Para impedir una nueva escalada. Y para mitigar el impacto.
Y creo que debemos ir incluso más allá.
Durante mucho tiempo hemos debatido un formato de dirigentes centrado en la seguridad de nuestro continente. Con socios como Canadá, Noruega, Ucrania, el Reino Unido y otros participantes.
Esto adquiere ahora una mayor urgencia, si cabe, dada la naturaleza y la magnitud de los riesgos en juego. Por este motivo, presentaremos nuestras ideas para hacer realidad un Consejo Europeo de Seguridad.