Esta mañana han talado uno de los árboles centenarios del Paseo Cervantes en Berja
LOLO ORTIZ
«100 años para crecer. Una mañana para destruirlo»
Hoy Berja es un poco menos Berja.
No era solo madera, hojas y raíces. Era sombra para nuestros veranos, era el testigo silencioso de generaciones enteras, era parte de la infancia de muchos virgitanos y un símbolo de nuestro pueblo.
Hay decisiones que no se pueden deshacer.
Un árbol centenario no se compra en un vivero. No se repone con una foto ni con una promesa. Se necesitan décadas, incluso un siglo, para devolverle al pueblo lo que hoy le han arrebatado.
Resulta incomprensible que, en pleno siglo XXI, cuando todas las ciudades luchan por conservar su patrimonio natural y aumentar las zonas verdes, en Berja desaparezca un árbol de esta magnitud sin que se explique públicamente por qué era inevitable hacerlo.
Gobernar también es proteger aquello que nos identifica. Y hoy nuestro patrimonio natural ha perdido una batalla.
Ojalá quienes han tomado esta decisión sean conscientes de que no solo han talado un árbol. Han cortado un pedazo de la memoria de Berja.
Porque los árboles centenarios no son un estorbo. Son un legado. Y un pueblo que pierde su legado, pierde parte de su alma.
