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VOLVER A VIVIR

Por Manuel Pozo Oller

El relato de este V Domingo de Cuaresma (Jn 11,1-45) nos muestra el dolor de una familia afectada por la muerte “del hombre de la casa”. La familia de Betania, como sabemos, era muy querida por Jesús. En aquella casa, próxima a Jerusalén, Jesús compartía la alegría de la mesa y el gozo de la amistad.

San Juan convierte la muerte del amigo y su vuelta a la vida en una enseñanza espléndida pues ésta «servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». El texto gana el corazón del lector ya que se entretiene en describir las emociones de los personajes chorreando humanidad y ternura.

El relato presenta a Jesús haciendo oídos sordos a las noticias tristes que le llegan sobre la enfermedad de su amigo Lázaro. El texto va más allá indicando que retrasa la ida a Betania para llegar cuando «Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado» (v.11,17).

Marta y María están en casa sobrellevando su duelo cuando le anuncian que llega Jesús (v. 11,20). Marta se adelanta para ir a su encuentro que acontece en «las afueras del pueblo» (11,30). La escena está cargada de tensión dramática. Su saludo es un reproche a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano» (v.11,21). A pesar de la evidencia de la muerte la mujer muestra su confianza en el amigo y le dice: «Pero incluso ahora sé que lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá» (v. 11,22). El diálogo entre ambos llega a su culmen en la declaración de Jesús sobre sí mismo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. Y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre». La afirmación termina con una pregunta: ¿Crees esto?» (vv.25b-26).

A continuación, el Evangelio narra otro encuentro. Marta regresa a casa y en voz baja dice a su hermana María, «el Maestro está ahí, y te llama». Ésta se levanta y corre al encuentro de Jesús para repetir el saludo bronco de su hermana: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mí hermano» (v.11,32). Jesús «viéndola llorar a ella y a los judíos» se conmueve llegando a derramar lágrimas de dolor. Los judíos que contemplan la escena comentan: «¡Cómo lo quería!».

Después de estos encuentros, el Evangelio narra la vuelta a la vida de Lázaro. La losa que sella el enterramiento y las vendas que le impiden la movilidad son signos de muerte que cobran vida con el mandato de Jesús, “Lázaro, sal fuera”, y el servicio doble de la comunidad de “desatadlo y dejadlo andar”. El signo anticipa la victoria de Jesús sobre la muerte.

Manuel Pozo Oller es Párroco de Montserrat

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