Antonio Guerrero escritor

Antonio Guerrero

La expresión «sociedad del sándwich» parte de una metáfora sencilla: el sándwich mixto no es malo, pero tampoco es extraordinario. El concepto conecta con la idea de «mediocracia» desarrollada por el filósofo canadiense Alain Deneault en su ensayo Mediocracia: cuando los mediocres llegan al poder. Deneault sostiene que el problema de las sociedades actuales no es simplemente que existan personas mediocres, sino que hemos construido sistemas que tienden a premiar la adaptación a la media. El mediocre no tiene por qué ser incompetente: puede ser aplicado, eficaz y obediente. Precisamente por eso puede resultar ideal para determinadas estructuras. La idea tiene además un precedente conocido en el Principio de Peter, formulado por Laurence J. Peter y Raymond Hull: dentro de una jerarquía, una persona competente puede ir ascendiendo hasta alcanzar un puesto para el que ya no está capacitada. ¿Qué ocurre si trasladamos todo esto a la cultura española? No significa que quienes ocupan posiciones de responsabilidad sean mediocres. Sería una simplificación. Significa preguntarnos qué cualidades acaba premiando el sistema cultural. Porque una cosa es tener talento y otra saber moverse dentro de una estructura. Una cosa es crear y otra conocer los códigos que permiten que esa creación sea seleccionada, programada, financiada, premiada o difundida. Los que llegan arriba participan después en la elección de los que vienen detrás. Y, de manera casi inevitable, tendemos a confiar en personas que conocemos, que comparten nuestros códigos y que entendemos que encajarán. No hace falta una conspiración. Basta con una estructura que reproduzca comportamientos. El resultado puede ser una cultura donde el mérito siga existiendo, pero ya no sea suficiente. Y aquí está la advertencia: si los profesionales de la cultura no denuncian estas dinámicas, si quienes trabajan en ella no se sienten representados por quienes deciden y si los creadores terminan aceptando que para avanzar hay que adaptarse, callar o pertenecer, estaremos ante algo más profundo que una mala selección de nombres. Estaremos construyendo una mediocracia cultural. Entonces viviremos una cultura que dejará de premiar la excelencia, y donde el riesgo y la disidencia terminarán condenándose a sí misma a una peligrosa uniformidad. Que eso ocurra sin duda va a depender de nosotros querido lector.

Sumario: Vivimos en una sociedad donde los mediocres son los que llegan al poder y controlan la cultura.

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Antonio Guerrero Ruiz es Doctor en Filosofía. Profesor UNED, Presidente Filosofía en la calle, Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH

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