-EL OBISPO VISIGODO/TERVINGIO, CATÓLICO, MASONA O MÁSONA-MASSONA DE MÉRIDA –
POR: DR. JOSE MARIA MANUEL GARCIA-OSUNA Y RODRIGUEZ
7 de Septiembre de 2026
I.-PRÓLOGO.
En este trabajo de PERSONAJES DE LA HISTORIA de LA GACETA DE ALMERÍA, hoy les presento la biografía de un personaje sumamente paradigmático, dentro del espectro visigótico de la Alta Edad Media, y, sobre todo, porque nos encontramos en el momento histórico del Reino de los visigodos de Toledo o de los godos del oeste, en el que los cristianos católicos reivindican su estatuto social, religioso y político, frente al poder omnímodo de los arrianos, mayoritarios inclusive desde el trono; pero que presentan una idiosincrasia intelectiva, cultural y religiosa inferior.
Este prelado será el obispo Másona de Mérida, y pensemos que en el trono toledano se encuentra uno de los monarcas más poderosos de la Europa del momento histórico a narrar; y me estoy refiriendo al gran soberano Leovigildo.
Frente a todo ese estado de cosas que se oponen a su ética o forma de comprender el acercamiento a Dios Todopoderoso, Másona de Mérida no vacilará en ningún momento de que, lado se debería situar, y que no es otro que el del cristianismo católico apostólico y romano, de rito latino, y todo lo que el mismo representa.
II.-¿QUIÉN FUE EL OBISPO MÁSONA?
Por paradojas de la historia, el prelado Másona o Massona sería el obispo católico de Mérida, aunque de origen visigodo y de nobleza destacada. En primer lugar, sería obispo arriano de Mérida o Augusta Emérita, en el año 573.
Emérita Augusta sería una ciudad romana de la Antigüedad nominada como la Colonia Iulia Augusta Emerita, y fundada en el año 25 a.C., por el legado imperial Publio Carisio (siglo I a.C.), o Legatus Augusti propraetore Lusitaniae, desde el año 26 a.C. hasta el 22 a.C.
La orden de fundación vendría del Emperador César Augusto [Roma, 23 de septiembre de 63 a.C.-1º emperador de Roma entre el año 27 a.C., hasta Nola, 19 de agosto de 14 d.C.], con la finalidad de asentar a los legionarios licenciados o eméritos de las legiones X Gemina y V Alaudae, las cuales habrían participado en las guerras cántabro-astures. Desde el año 15 a.C. sería la capital de la nueva provincia hispana de Lusitania.
El obispo Másona se convertiría al cristianismo católico en el año 579 d.C. Sería Juan de Bíclaro (Scallabis/Santarem, ca. 540-621), el cronista visigodo de religión católica, el que narraría que tras la muerte del Rey Liuva I [m. 573. Monarca entre 568 y 573], le sucedería su hermano y corregente Leovigildo [Flavius Leovigildus/Liubagilds. ¿?-Toledo, primavera del año 586. Soberano visigodo entre 568/569 hasta su muerte], ya como monarca único, y escogería a Másona de Mérida como prelado de esa gran urbe.
«Masona, obispo emeritense, resplandece como ilustre campeón de nuestra fe ortodoxa» (El Biclarense. Apud. J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-35).
Según el Biclarense, Másona ya era obispo de Mérida en ese año, lo que subraya que su prelatura debió durar bastantes años. Asimismo, se refiere sobre él en los textos cronísticos, que era un obispo de categoría destacada y, el hecho es resaltable a pesar de la dificultad que era serlo en un Estado confesional arriano, por lo tanto, el prelado visigodo ya era de religión católica.
El creador de la doctrina herética del arrianismo sería: Arrio/Aryus (Libia, 250/256-Constantinopla, 336. Presbítero. ‘Cristo no era Dios mismo, sino la primera y más perfecta criatura de Dios creada de la nada. Hubo un tiempo en que el Hijo no existía’).
Y es preciso indicar que las luchas entre católicos y arrianos eran, en ocasiones, muy violentas. En la obra ‘Vidas de los Santos Padres Emeritenses/de Mérida’/Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium’, se le califica, a Másona, como de varón de noble linaje y de raza goda.
Todo lo que antecede explica lo arriesgada que fue siempre su vida religiosa; ya que estamos escribiendo sobre lo complicado que fue, el que fuese un prelado visigodo católico en una Hispania visigoda, pero de mayoría arriana.
Existen serias dudas sobre si su conversión al catolicismo romano habría sido, de forma primigenia, de tipo personal o familiar, en este último caso por serlo ya, de forma apriorística, su aristocrática familia. Este último aserto parece ser el más plausible, ya que se tiene consciencia prístina de que fue ya clérigo católico con anterioridad, en la eximia basílica de Santa Eulalia de Mérida (Augusta Emérita, ca. 292-10 de diciembre de 304 d.C.). Por consiguiente, reiteramos la complejidad del análisis, ya que la causa podría estar en la conversión católica previa de sus progenitores o en su propia conversión, ya en su infancia o en su primera juventud.
III.-EL OBISPO MÁSONA EN MÉRIDA.
Asimismo, también existe un análisis sobre este prelado, dentro de la obra de ‘Las Vidas de los Padres de Mérida’:
«Más bienaventurado que el bienaventurado, más santo que el santo, más piadoso que el pío, más bueno que el bondadoso, y dotado de todos los carismas» (El Biclarense. Apud. J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-37).
Los textos nos indican que era una persona sumamente alegre, siempre tenía una sonrisa en el rostro, y era un ser humano sumamente ecuánime y nunca se alteraba. No obstante, todos los textos nos manifiestan que su paradigma episcopal era la gran caridad que siempre utilizaba con todos los seres humanos que a él se acercaban, desde los católicos hasta los arrianos, incluyendo a los paganos y a los judíos.
Repartía multitud de víveres entre los más necesitados de su diócesis, que él se encargaba de entregarlos en persona, y siempre con aquel sentido del humor que le era tan proverbial.
Se cuenta la anécdota que cuando un pobre rompía la escudilla de comida de forma accidental, ordenaba que se le entregase otra más llena de comida si cabía el hecho.
Se conoce, historiográficamente, que el obispado emeritense gozaba de una enorme cantidad de bienes, lo que siempre permitiría a este prelado el poder hacer un uso generoso de las riquezas de la diócesis. El citado metropolitano fundaría muchos monasterios, crearía numerosas iglesias; y, por supuesto, empresas asistenciales en gran cantidad y calidad.
«A título de ejemplo, bastará citar las dos que alcanzaron mayor fama: el gran hospital, sostenido por la Iglesia, dotado de un cuerpo médico propio y que acogía sin distingos a libres y esclavos, cristianos, judíos o infieles; y la otra empresa, una Caja de préstamos, dotada con un capital de dos mil sueldos de oro, cuya finalidad era la concesión de pequeños créditos a personas modestas, para salvarlas del riesgo de caer en manos de prestamistas usurarios. Estas iniciativas y un cúmulo de afortunadas circunstancias hicieron que Másona fuera durante muchos años el protagonista indiscutible de la vida de la ciudad. Más aún, resulta lícito hablar incluso de una ‘era de Másona’ en la historia de Mérida, los “felices años” que vivió la ciudad en la segunda mitad del siglo VI» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-38).
Este hospital o centro de acogida se denominaba como xenodochium. La obra ‘Vidas de los Santos Padres emeritenses’, se ocupa del obispo Mássona en su mayor parte, en la época que fue la más controvertida del mandato episcopal del citado prelado, y que se produjo cuando está siendo atacado política y socialmente, de forma inmisericorde, y, por lo tanto, presionado por el poderoso Rey Leovigildo, que trata por todos los medios a su alcance, de conseguir que el prelado católico apostate y así retorne a la fe arriana.
No se tiene ningún tipo de conocimiento historiográfico en relación a que partido fue el que tomó el prelado emeritense, en el enfrentamiento entre Leovigildo y Hermenegildo, cuando se tiene la certidumbre de que ya estaba en el púlpito en el año 573 d.C., ya que durante dos años la sede emeritense permaneció en poder del príncipe católico Hermenegildo (‘el que rinde un total sacrificio/guerrero fuerte’. Ca. 564/¿Medina del Campo?-Tarragona, 585, decapitación por Alta Traición. Su esposa se llamaba Ingundis/Ingunda. Ca. 567/Metz-Ca. 585. Cartago); por ello no se colige cual fue su compromiso en la terrible guerra civil del joven príncipe contra su padre Leovigildo, más si cabe cuando hasta el año 582 la ciudad no pudo ser retomada o reconquistada por el citado soberano, y conociendo el carácter del prelado, es obvio que no se pudo mantener al margen del conflicto paterno-filial.
El Príncipe Hermenegildo se enfrentaría a su padre en franca rebelión, entre los años 583 a 585, en Sevilla. Sería eliminado de un hachazo en la cabeza por un sayón llamado Sisberto, y a su vez por orden directa paterna. Sería canonizado como San Hermenegildo, en el año 1585, por el Papa Sixto V [Grottammare, 13 de diciembre de 1521-Papa 227º entre 1585 y Roma, 27 de agosto de 1590].
IV.-EL REY LEOVIGILDO PRESIONA AL OBISPO MÁSONA PARA SU RECONVERSIÓN AL ARRIANISMO.
Tras la conquista de Mérida (582 d.C.) por Leovigildo, el poderoso monarca comenzará a presionar al prelado para que apostatase de su catolicismo. En el año 580 d.C., los obispos arrianos se reúnen en Toledo, siendo el soberano el que va a pretender marcar las directrices, y las normas políticas y religiosas del reino; creándose las nuevas bases irenistas (‘eirenikos, que significa pacífico. Actitud, doctrina o corriente de pensamiento que preconiza la paz, la concordia y el entendimiento a ultranza. Evitando el conflicto a toda costa. Irene es la diosa griega de la paz’), o de alguna concesión al catolicismo, tendiendo a la búsqueda de la paz a ultranza, y la pretensión conciliatoria por parte de la siempre dogmática y belicosa creencia de los cristianos-arrianos.
En esta circunstancia se pretenden realizar algunas concesiones a los cristianos-católicos, tanto en la dirección de un posible y débil sincretismo de las creencias de los arrianos con las de los católicos, en el acto analítico de la doctrina y de la disciplina. El Rey Leovigildo pretende, con esto, crear una auténtica unidad religiosa para su reino, ya que ya ha conseguido lo homónimo en lo político.
«Es comprensible que la captación de Másona constituyera uno de los primeros objetivos de la política religiosa de Leovigildo: un obispo católico de reconocido prestigio, que tenía la particularidad de ser a la vez un godo de noble estirpe, podía constituir una baza decisiva para los planes del monarca, si accedía a abandonar el catolicismo y adherirse a una renovada confesión arriana» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-39).
Leovigildo envió, pues, emisarios, que serían magnates escogidos entre los de su entera confianza, probablemente próceres o duques o gardingos (capitanes del castillo del rey) o espatarios/spatarius (portadores de espadas, que podían mantenerla desnuda frente al rey), para que indicasen al obispo Másona de que tenía la obligación ineludible de renunciar, taxativamente, a su catolicismo e incorporarse con todos sus feligreses laicos y eclesiásticos al arrianismo.
Como añadido, el soberano le prodigaba todo tipo de halagos y le elogiaba en grado superlativo. Másona rechazó todos los ofrecimientos regios y, entonces, Leovigildo comenzó la segunda fase de acoso y derribo psicológicos, ahora ya conformada esta con amenazas más o menos veladas, por medio de las cuales pretendía atemorizar al prelado.
En este momento histórico, Mérida estaba ya ocupada por varios magnates militares visigodos, acompañados de sus familias y de sus seguidores o fieles/fideles. La parte minoritaria de ellos, pero nada desdeñable, eran arrianos furibundos, que además ocupaban la timocracia económica (gobierno de los honorables o valerosos)
de la urbe, que eran los visigodos que poseían un determinado nivel de ingresos, propiedades o riquezas; poseyendo grandes latifundios rústicos.
El soberano respondió de inmediato y nombró a un obispo para que administrase la espiritualidad de los arrianos emeritenses, y obligando, a la par, a los católicos a que entregasen sus basílicas con sus patrimonios correspondientes a los arrianos de la ciudad.
El nuevo obispo arriano sería, indudablemente, un mal enemigo para Másona, ya que era verbalmente agresivo, muy polemista y odiaba ‘cordialmente’ a los cristianos-católicos y a su religión. Sería el obispo Sunna (Siglo VI-Obispo entre 580 y 600 d.C.).
Tras la conversión al catolicismo del Rey Recaredo I “el Grande” [Flavius Reccaredus. 559-Rey visigodo de Toledo entre 586 y Toledo, 21 de diciembre del año 601], en el año 587, a Sunna se le ofreció otro obispado si se convertía al catolicismo, ya que el cargo de prelado arriano de Mérida quedaría suprimido. El recalcitrante obispo se negó, por lo que sería desterrado a Mauritania, allí siguió propagando el arrianismo, hasta sufrir una muerte violenta.
V.-LOS OBISPOS MÁSONA Y SUNNA FRENTE A FRENTE.
Sunna llegará rápidamente a Mérida, y dará comienzo a una agresiva y virulenta campaña contra el prelado católico, llena de violentas, descalificadoras y rabiosas diatribas, acompañado todo ello de todo tipo y condición de insultos.
Entonces, Sunna que sabe que cuenta con el total apoyo del Rey Leovigildo pretende apoderarse, sin ambages, para el culto del arrianismo, de la Basílica de Santa Eulalia de Mérida, que ya era la patrona martirial de Augusta Emérita.
No obstante, Másona y sus feligreses católicos se opusieron resueltamente a esta inexplicable depredación, por lo que Sunna decidió recurrir ante el propio soberano. La tensión ya fue muy grande, y hasta tal punto de violencia fue el hecho, que el propio Leovigildo se sintió muy comprometido, ya que contemplaba irritado como se atacaba, por parte de los católicos, a sus propias auctoritas et dignitas, que le eran debidas como monarca.
Entonces, Leovigildo decidió contactar salomónicamente a los dos bandos; el hecho conflictivo se pretendía resolver con la celebración de un juicio público teológico y religioso entre los dos prelados, aunque los jueces que resolverían dicho pleito serían nominados por el mismo Rey Leovigildo. Al prelado que considerasen vencedor sería al que se le otorgaría la Basílica mencionada.
Esta Ordalía o Juicio de Dios era sumamente original y diferente, ya que el duelo no sería con espadas de acero, sino con la dialéctica más inteligente, la cual debería aportar razones y argumentos teológicos sumamente sólidos.
Una Ordalía o Juicio de Dios era una práctica judicial ritual, en la que un acusado era sometido a una prueba física extrema y agotadora. La creencia estribaba en que los jueces consideraban que Dios Todopoderoso protegería la vida del inocente. Las más comunes eran: 1ª)-Hierro Candente. El acusado debería sostener un hierro al rojo vivo o caminar sobre brasas. 2ª)-Agua Hirviendo. Se debería introducir la mano o el brazo en agua a temperaturas muy elevadas para recoger un objeto. 3ª)-Agua Fría. Atado y sumergido en un río o un lago. Si flotaba era culpable, ya que el agua rechazaba a los impuros.
El ambiente en la ciudad debió ser trepidante, y la expectación in crescendo. Másona pasó tres días completos en oración basilical, ante el sepulcro de la mártir emeritense, que habría sido martirizada y muerta por medio de decapitación durante el imperio de Diocleciano [Gaius Aurelius Valerius Diocletianus. Salona/Ilírico-Dalmacia. Ca. 24 de diciembre de 244-Emperador entre el 20 de noviembre de 284 y Spalatum/Split/Ilírico-Dalmacia, 3 de diciembre de 311].
El historiador y poeta Prudencio (Aurelius Prudentius Clemens. Calahorra/Calagurris, 348 d.C., o Caesaraugusta/Zaragoza-Hispania. Ca. 410/413) narraría su martirio, en su Martirologio:
«De madrugada, antes de la salida del sol, llegó a la ciudad, y, valerosa, se presentó ante el tribunal, en medio de cuyos lectores vociferó a los magistrados:»Decidme, ¿qué furia es esa que os mueve a hacer perder las almas, a adorar a los ídolos y negar al Dios criador de todas las cosas? Si buscáis cristianos, aquí me tenéis a mí: soy enemiga de vuestros dioses y estoy dispuesta a pisotearlos; con la boca y el corazón confieso al Dios verdadero. Isis, Apolo, Venus y aun el mismo Maximiano son nada: aquellos porque son obra de la mano de los hombres, éste porque adora a cosas hechas con las manos. No te detengas, pues, sayón; quema, corta, divide estos mis miembros; es cosa fácil romper un vaso frágil, pero mi alma no morirá, por más acerbo que sea el dolor».
Airado sobremanera el pretor al oír tales requerimientos, ordenó furioso:»Lictor, apresa esta temeraria y cúbrela de suplicios para que así sepa que hay dioses patrios y que no es cosa baladí la autoridad del que manda«. Pero inmediatamente, como volviendo sobre sí, dijo el pretor a Eulalia: «Mas, antes de que mueras, atrevida rapazuela, quiero convencerte de tu locura en lo que me es posible. Mira cuántos goces puedes disfrutar, qué honor puedes recibir de un matrimonio digno. Tu casa, deshecha en lágrimas, te reclama: gimiendo estará la angustiada nobleza de tus padres, puesto que vas a caer, tan tiernecita, en vísperas de esponsales y de bodas. ¿O es que no te importan las pompas doradas de un lecho ni el venerable amor de tus ancianos padres, a quienes con tu obstinada temeridad vas a quitar la vida? Mira, ahí están preparados los instrumentos del suplicio: o te cortarán la cabeza con la espada, o te despedazarán las fieras, o se te echará al fuego, y los tuyos te llorarán con grandes lamentos, mientras tú te revolverás entre tus propias cenizas. ¿Qué te cuesta, di, evitar todo esto? Con que toques tan sólo con la punta de tus dedos un poco de sal y un poquito de incienso, quedarás perdonada«.
Pero Eulalia nada respondió, sino que, arrebatada de indignación, escupió al rostro del pretor, arrojó al suelo los ídolos que tenía delante de sí, y de un puntapié echó a rodar la torta sacrificial puesta sobre los incensarios. Inmediatamente dos verdugos se aprestaron a desgarrar sus tiernos pechos y los garfios abrieron sus virginales costados hasta llegar a los huesos, mientras Eulalia tranquilamente contaba sus heridas. Al contemplar aquella carnicería, Eulalia decía al Señor sin lágrimas ni sollozos: «He aquí que escriben tu nombre en mi cuerpo. ¡Cuán agradable es leer estas letras, que señalan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre«.
Y tan abstraída estaba la mártir en su oración, que el dolor atroz que debían causarle aquellos tormentos pasaba totalmente desapercibido, a pesar de que sus miembros, regados con tierna sangre, bañaban de continuo la piel con nuevos borboteos calientes. Ante aquella intrepidez, los esbirros se dispusieron a aplicarle el último tormento; mas no se contentaron con propinarle azotes que le desgarraran fieramente la piel, que sería poco, sino que le aplicaron por todas partes, al estómago, a los flancos, hachones encendidos. Pero, así que la perfumada cabellera que se deslizaba ondulante por el cuello y se desparramaba suelta por los hombros para cubrir la pudibunda castidad y la gracia virginal de la mártir tocó el chisporroteo de las teas, la llama crepitante voló sobre su rostro, nutriéndose con la abundante cabellera, y la envolvió por completo. Y la virgen, deseosa de morir, se inclinó hacia la llamarada y la sorbió con su boca, y, ¡oh maravilla!, he aquí que de su boca salió, rauda, una paloma más blanca que la nieve, que, hendiendo el espacio, tomó el camino de las estrellas: era el alma de Eulalia, blanca y dulce como la leche, ágil e incontaminada.
Así lo vieron estupefactos y dieron de ello testimonio el verdugo y el mismo lictor al huir aterrorizados y arrepentidos. La Virgen torció delicadamente el cuello a la salida del alma; apagóse el fuego de la hoguera, y, por fin, quedaron en paz los restos exánimes de la mártir. Todo esto acaeció un día 10 de diciembre. El cielo cuidó en seguida de velar por el tierno cuerpo de aquella virgen y rendirle las debidas honras fúnebres, porque al punto cayó una nevada que cubrió el foro, y en él el cuerpecito de Eulalia, que yacía abandonado en la helada intemperie como para protegerlo con una grácil mantilla blanca».
Cuando le llegó la hora de la diatriba, Másona, se dirigió al atrio basilical donde le estaba esperando Sunna, rodeado de un número ingente de godos arrianos, y siendo acompañado por los propios jueces que iban a juzgar el proceso. Todos los obispos y los jueces se sentaron respetuosamente, y con un silencio casi sepulcral.
El primer turno correspondió al prelado de los arrianos, que atacó de forma inmisericorde, y con todo tipo de descalificaciones personales, incluyendo hasta insultos contra el adversario, y el catolicismo que representaba.
Cuando le llegó el turno a Másona lo hizo de forma pausada, suave y con toda amabilidad. Nunca utilizó la invectiva como forma de argumentar. No obstante, el torneo dialéctico religioso prosiguió ardorosamente; aunque las crónicas contemporáneas calificarán la forma de hablar de Másona como si de su boca saliera la sabiduría del propio Dios de los católicos, y la fuerza elocuente del Espíritu Santo.
Los vocablos utilizados por el prelado católico eran inspirados y sin posible negación argumental. Hasta tal punto se fue así desarrollando el debate a favor de Másona, que hasta los arrianos terminaron por prorrumpir en tumultuosas ovaciones hacia él.
Los jueces no se atrevieron a pronunciar un veredicto, pero los católicos consideraron que ellos eran los triunfadores y acompañaron, sin ambages, a su Obispo hasta la Basílica para dar gracias a Dios por su victoria, y casi llevaron en volandas a Másona. Parecía que la ortodoxia había triunfado.
VI.-LA INTERVENCIÓN REGIA EN TOLEDO.
Sunna se sintió bastante más amargado, y en lugar de convertirse al catolicismo, atacó con mucha mayor saña y odio al prelado de los católicos. Para agravar, más si cabe la cuestión, Sunna se dirigió en secreto al Aula Regia de Toledo, y de forma totalmente críptica acusó ante Leovigildo a Másona, de que este estaba cometiendo todo tipo de desmanes y de crímenes contra los arrianos.
Entonces, el soberano se quedó perplejo y dubitativo sobre lo que se debería hacer; por lo que obligó, con una requisitoria urgente, a Másona a que compareciese ante él en la Curia Regia de Toledo.
En la obra, ya citada, de Las Vidas de los Santos Padres emeritenses se narra la consternación y el miedo que sintieron los católicos de Mérida, cuando su prelado fue conducido encadenado y acompañado por los sayones del Rey Leovigildo hasta la propia capital del reino, Toledo.
Será aquí donde deba enfrentarse al monarca visigodo, que es calificado por los cronistas del Obispo Másona, lo cual es ciertamente comprensible, como: ‘el atrocísimo tirano’.
No obstante, Leovigildo va a utilizar la táctica fuliginosa de alternar el palo y la zanahoria. Primero va a adular al prelado católico para tratar de que se reconvierta al arrianismo. Como es de esperar no lo consigue, ya que el obispo rechaza claramente, y sin el más mínimo temor, todos los argumentos ad hoc de su soberano.
Por lo tanto, la paciencia del Rey Leovigildo se va a acabar y, entonces utilizando su indubitable poder, potestas et auctoritas, le exige la entrega de la túnica de Santa Eulalia, que sería depositada por orden del rey, sin ningún tipo de aplazamiento, en una Iglesia arriana de Toledo.
La exigencia del soberano es muy dura de metabolizar ya que ataca directamente a la esencia más íntima del ser de los católicos. Másona contraatacará utilizando lo que se define como una mentira piadosa, y que en la obra de las ‘Vidas de los Santos Padres emeritenses’ es contemplado, dicho aserto, con una clara y prístina complacencia.
Leovigildo ordena, pues, que la túnica sea buscada en la basílica emeritense, para que sea llevada a Toledo. Todas las búsquedas resultaron inútiles, por lo que, nuevamente, Leovigildo obligó a Másona a comparecer ante él, y le conminó taxativamente a que le entregase la susodicha reliquia, ya sin el más mínimo retraso.
Por lo que, el prelado católico, se referirá al hecho de la siguiente forma:
«’Jamás entregaré la túnica de mi señora Eulalia, para que sea mancillada por las sacrílegas manos de los herejes’, respondió Másona a la demanda del rey. Leovigildo ordenó entonces la búsqueda de la túnica en Mérida, no sólo en la basílica de Santa Eulalia, donde de ordinario estaba, sino también en la iglesia mayor de la Santa Jerusalén. Todas las pesquisas resultaron inútiles, y entonces Leovigildo hizo comparecer de nuevo a Másona y le conminó a que revelase donde se hallaba la reliquia y se la entregara sin más demora. Másona dio entonces una explicación, en la cual la verdad quedaba encubierta por un engaño piadoso: ‘Sábete -dijo- que he quemado la túnica y, tras disolver sus cenizas en agua, he bebido el agua…; la túnica está ahora en mi vientre y jamás la entregaré’. Mientras decía esto, señalaba su estómago porque allí estaba la túnica que el obispo, a escondidas de todos, había puesto plegada sobre su cuerpo, debajo de las vestiduras» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-44).
Y mientras tanto, como se menciona en el texto, el prelado señalaba su abdomen donde decía que se encontraba la reliquia. En realidad, la túnica estaba plegada y escondida debajo de la túnica del obispo, y sobre su cuerpo debajo de sus habituales hábitos talares.
VII.-EL OBISPO MÁSONA ES EXILIADO.
Entonces, pues, en esta tesitura, el Rey Leovigildo escenificó una auténtica teatralidad. El monarca se tiró desde el trono hasta la tierra, y puso una auténtica cara de terror. La curia regia se vio, por lo tanto, obligada y lo consiguió a calmar al soberano, y Leovigildo ya estuvo preparado para dictar una terrible sentencia condenatoria.
«Ordenamos -disponía ésta- que ‘Másona, constante adversario nuestro y de nuestras costumbres, enemigo de nuestra fe y contrario a nuestra religión’, sea enviado al exilio» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-44-45).
Refiere la obra de ‘Las Vidas de los Santos Padres emeritenses’ que el obispo sería obligado a ir al exilio en un caballo que era incierto en su comportamiento, por no haber sido montado hasta entonces, pero que conducido por el prelado se transformaría en una mansa cabalgadura.
Acompañado por tres de sus servidores sería confinado en un ignoto monasterio rural arriano deshabitado, durante tres años. En Mérida, Leovigildo no nombró enseguida a Sunna como único obispo, ya que tenía la certidumbre de que nunca sería aceptado como su único pastor, por la grey de los católicos emeritenses.
Por consiguiente, Sunna ocuparía la prelatura para la población arriana, y Nepopis (siglo VI) sería el obispo nombrado para los católicos, aunque venido desde otra ciudad, que podría ser Coria. Era un prelado muy obediente, dócil y complaciente, a la par que temeroso, ante la autoridad del monarca.
Mientras tanto Másona y sus discípulos o servidores estaban pasando por una total y absoluta penuria, ya que habrían entregado todos sus recursos económicos para las limosnas de los pobres feligreses emeritenses. Además de que nadie se atrevía a socorrerlos por miedo al poder de un monarca tan poderoso y autoritario como lo era Leovigildo.
Se cuenta que entonces acudiría a visitar al obispo una viuda paupérrima y misérrima, demandando una ayuda, ya que estaba más que necesitada de auxilio. Como era su habitual forma de ser, Másona intentó ayudarla, pero como ya no le quedaba nada, aceptó el ofrecimiento económico, a título de préstamo, de uno de sus servidores.
«Me queda un ‘sueldo’ –respondió el siervo Segatus-, pero si lo entrego no tendremos absolutamente nada para alimentarnos, ni nosotros ni nuestros jumentos. Másona ordenó entregar a la mujer el ‘sueldo’ –una moneda de oro de cuatro gramos y medio– y el siervo cumplió el mandato; pero luego corrió tras la viuda y le suplicó que le devolviera al menos un ‘tremis’, esto es, la tercera parte de la cantidad recibida, lo que la mujer hizo de buen grado, pues aún así se trataba de una espléndida limosna» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Páginas-45-46).
Entonces, porque no decirlo, y quizás de forma milagrosa, se escribe en las fuentes del monasterio, que se presentaron 200 asnos cargados de alimentos en cantidades ingentes, además de 2000 sueldos que eran el fruto de una colecta realizada por los fieles católicos de todo linaje y condición, con la finalidad de socorrer a su obispo.
Por todo lo que antecede, y tras dar las gracias a Dios Todopoderoso y a su providencia, Másona llamó a su siervo Segatus y le preguntó cual había sido la cantidad de la limosna entregada, a priori, a la mencionada viuda, y entonces Segatus le indicó que le había rogado a la viuda que le devolviera, cuanto menos, 1/3 de la limosna para poder hacer frente a la penuria y a las necesidades que estaban padeciendo todos los compañeros del prelado.
«Que Dios te perdone hermano -respondió Másona-, porque vacilaste y dudaste de la misericordia divina, y además pecaste contra los pobres: diste dos ‘tremises’, y ahí tienes dos mil ‘sueldos’ y doscientos asnos cargados de alimentos; si no hubieras reclamado el tercer ‘tremis’, ten la certeza de que ahora hubieras recibido trescientos jumentos» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-46).
El obispo Másona, pues, agradeció muy sinceramente a sus bienhechores la ayuda extraordinaria y cuantiosa recibida, y ordenó que fuese distribuida casi en su totalidad entre los pobres de la localidad.
VIII.-FINAL DEL CASTIGO REGIO.
Indica la tradición que el Rey Leovigildo tuvo un sueño en el que Santa Eulalia de Mérida se le aparecía y, consiguientemente, le exigía el retorno de facto del prelado a su sede emeritense, lo que le sería revelado al propio Másona (¿?-Obispo de Mérida, arriano-ca. 573 y católico-579. Mérida, ca. 605), estando en sus momentos de oración.
Leovigildo ya tenía la convicción de que su política religiosa de preeminencia arriana o de confraternización era un enorme error y un fracaso subsiguiente. Todo ello ha motivado que la tradición mitológica historicista estime que el soberano citado se pudo convertir al catolicismo, ya en su lecho de muerte.
Cuando la noticia del fallecimiento regio llegue a Mérida, el obispo Nepopis huirá a uña de caballo hacia su ciudad de origen; en su huida pretendió llevarse un enorme número de siervos de la Iglesia emeritense, y cuantos tesoros le fue posible rapiñar. Másona se cruzó con esta caravana del latrocinio y la obligó a retornar hasta Mérida.
«La exultante Iglesia emeritense -dicen en tono retórico las Vidas de los Padres- recibió a su pastor con inmensa alegría: gozábase de que el enfermo hubiera encontrado el remedio y el oprimido el solaz; de que el alimento no faltara ya al necesitado» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-47).
Será durante su nueva estancia emeritense cuando el Rey Recaredo I se convierta al catolicismo, el obispo Sunna no aceptará la derrota y preparará un complot político con sus adláteres, con el objetivo de crear una conjura, en la que hasta se incluía el propio asesinato de su adversario católico Másona, ya que la conversión del Rey Recaredo I habría agravado más su desazón y su odio visceral hacia Másona y el catolicismo.
En la primavera del año 589 d.C., será convocado el III Concilio de Toledo, con la subsiguiente aceptación por parte de los visigodos de los ritos y las creencias de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
«Testigo cualificado, porque hubo de sentir una particular emoción ante la conversión de sus hermanos de raza; y testigo privilegiado, también, porque el viejo luchador había llegado ya al umbral de la senectud: era el más antiguo de los metropolitanos y su firma figura en las actas conciliares a la cabeza del episcopado español, inmediatamente después de la firma del rey Recaredo» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-47).
IX.-CONSUMATUM EST.
Másona vivió, desde entonces, sin sobresaltos en su recuperada diócesis. El 18 de mayo de 597 se reunieron, pues, en Toledo, caput regni; todos los representantes episcopales de las seis provincias eclesiásticas de Hispania. A saber: TARRACONENSE/Tarragona; CARTAGINENSE/Toledo como primacial; BÉTICA/Sevilla; LUSITANIA/Mérida; NARBONENSE/Narbona; y GALLAECIA/Braga.
El metropolitano emeritense sería el primero en firmar las actas del concilio por su indudable prestigio. Másona pasaría a mejor vida, sub altare Dei, hacia el año 600 d.C. Aunque su muerte estaría precedida por unos terribles acontecimientos, que serían el colofón a su accidentada vida, llena de pros y de contras; aunque nunca por su causa, sino por esa defensa de su propia ética y dignidad, que siempre le adornó.
Cuando se da perfecta cuenta de que su fin terrenal se le está acercando, dejará el gobierno de su diócesis emeritense a un personaje joven pero sumamente ambicioso, y que es el archidiácono Eleuterio; quien no sería el personaje eclesiástico más ejemplar para los feligreses, ya que solía recorrer a caballo la ciudad, y siempre rodeado de un gran número de sus siervos. Es preciso entender que el concepto medieval cronístico al que se refiere, en muchas ocasiones, el vocablo ‘siervo’ es el relativo al del ‘funcionario público’, y no al del esclavo.
Másona, por el contrario, seguiría siendo un hombre sumamente humilde, y, entonces, y siempre estaría dedicándose a la manumisión de algunos, ‘estos sí’, de los siervos beneméritos católicos emeritenses sin derechos civiles, y además les regalaría tierras y otras múltiples donaciones, incluyendo hasta las dinerarias.
La reacción, entonces, de Eleuterio sería furibunda y lleno de soberbia convocará a los siervos liberados y los amenazará, enrabietado como está, de la siguiente forma:
«Guardad bien lo que habéis recibido, pues si no me devolvéis todo íntegramente cuando os lo pida, sabed desde ahora que seréis sometidos a durísimos tormentos» (J. Orlandis. ‘Semblanzas Visigodas’. Rialp. 1992. Página-49).
Cuando Másona tuvo conocimiento de este comportamiento tan abusivo e impresentable lloró amargamente ante estos siervos. A pesar de su enfermedad se levantó de la cama y fue conducido hasta la basílica de Santa Eulalia, donde permaneció bastante tiempo de rodillas y en oración.
Luego ordenó que se le condujese hasta la catedral, donde ante los sorprendidos feligreses que estaban allí celebrando el Oficio de la tarde o vespertino anunció que Eleuterio le precedería en la muerte, por deseo expreso de la divinidad.
Sin dar por finalizado dicho oficio; de pronto y de forma sorprendente, Eleuterio se sintió enfermo, y por ello debió ser trasladado urgentemente a su propio domicilio, donde fallecería en el plazo de tres días.
Másona le sobrevivió varios días, en los que siguió entregando limosnas cuantiosas a los pobres, y mercedes enormes a los fieles siervos católicos manumitidos.
Por fin, el obispo católico metropolitano emeritense fallecería en la plenitud absoluta de la paz de su espíritu. Así entregaba su vida y su alma a Dios Todopoderoso. Másona sería uno de los prelados católicos visigodos más paradigmáticos, y centro eximio de la unificación religiosa del reino godo hispano de Toledo. «Diaboli tremens et diem iudicit terriblem tremens. ET. Miles factus est. ET. Contra facta non sunt argumenta».
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-Wickham, Ch. (2025): Una Historia Nueva de la Alta Edad Media. Crítica/Planeta.
-CURRICULUM VITAE-
-Asesor de la Asociación Cultural Reinos de España (FEAH) (año-2018).
-De la Asociación Cultural Divulgadores de la Historia (año-2023).
–Académico-Correspondiente del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés (año-2016).
–Organización Socio-Política Conceyu País Llionés (año-2024).
-Asociación Cultural de Estudios Leoneses. (año-2023).
-Socio-Colaborador de la Asociación de Amigos del Reino Astur (2025).
-Del Instituto de Estudios Zamoranos “Florián de Ocampo”. (CSIC).
-Del Ateneo de Valladolid (Creación año-1872).
-De la Asociación de Amigos del Patrimonio Cultural de León. ProMonumenta.
-Del Instituto de Estudios Gerundenses (CSIC).
-De la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense (CSIC).
-Del Círculo Cultural Péndulo de Baza (UNESCO).
-Del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino (CSIC).
-Del Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo” (CSIC).
-Del Centro de Estudios Fenicios y Púnicos (CSIC).
-Del Centro de Estudios Históricos Jerezanos (CSIC).
-De la Asociación Cultural Héroes de Cavite (2024).
-Del Ateneo Jovellanos de Gijón (Creación año-1953).
-De la Sociedad Española de Estudios Clásicos (CSIC).
-De la Sociedad Española de Estudios Medievales (CSIC).
-Del Instituto de Estudios Bercianos (CECEL/CSIC).
-De la Asociación Gaxarte, Luanco-Gozón.
-Cofrade de la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz de León.
-De la Asociación Cultural Proculto, Toro-Zamora.
-De la Sociedad Económica de Amigos del País de Avilés y Comarca (Año-2024).
-De la Asociación Histórico Cultural Gallaecia Viva (Año-2024).
-De la Asociación Cultural de Estudios Históricos de Galicia. La Coruña.
-De la Asociación Cultural Arte, Arqueología e Historia de Córdoba.
-Del Liceo de Jerez. Club de Opinión. Jerez de los Caballeros/Badajoz (2025).
-De la Asociación Cultural Arte, Arqueología e Historia de Bujalance-Córdoba.
-Historiador -Colaborador de la Fundación Gustavo Bueno-Oviedo.
-Del Centro de Estudios Merindad de Tudela.
-Del Centro de Estudios Linarenses-Linares/Jaén.
-De la Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”-Plasencia/Cáceres.
-De la Asociación Cultural San Bartolomé de San Martín del Rey Aurelio-Sotrondio/Asturias.
-De la Asociación Cultural Rey Ordoño I-Villamejil/La Cepeda/León.
-De la Asociación de Amigos del Museo Marítimo de Asturias-Luanco.
-De la Asociación Cultural “Raíces Lacianiegas”-Villablino/León.
-Realizado y Aprobado 1º Curso de Veterinaria en Universidad de León (1972).
-Director-Médico-Geriatra en Larrañaga/Domusvi/Avilés-Asturias.
–Médico-Familia/Vía MIR de Atención Primaria/Universidad de Oviedo (2003).
-Vicepresidente del I Concurso de Trabajos Cortos de Investigación en Historia de la Medicina en Asturias. Colegio de Médicos de Asturias.
-Doctor-Médico Perito-Judicial de Tribunales en Asturias.
-Médico-Valorador de Discapacidades y Daños Corporales del Colegio de Médicos de Asturias.
-Licenciado en Medicina y Cirugía/Universidad de Oviedo (1996).
646 Críticas Literarias/Ensayo en “Todo Literatura”. Madrid.
61 Trabajos-Ensayos-Curriculares de Historia en “La Gaceta de Almería”.
53 (2024) Trabajos publicados en Dialnet.
35 (2024) Trabajos/Libros publicados en Regesta Imperii /Universidad de Maguncia/Mainz.
253 Trabajos de HISTORIA publicados.
41 Biografías de Músicos de Música-Académica/Culta publicadas.
154 Conferencias impartidas sobre Historia.
-LIBROS PUBLICADOS-
1.-EL GRAN REY ALFONSO VIII DE CASTILLA, “EL DE LAS NAVAS DE TOLOSA”. Editorial Alderabán. 2012. Cuenca.
2.-BREVE HISTORIA DE FERNANDO “EL CATÓLICO”. Editorial Nowtilus. 2013. Madrid.
3.-EL REY ALFONSO X “EL SABIO” DE LEÓN Y DE CASTILLA. SU VIDA Y SU ÉPOCA. Editorial El Lobo Sapiens. 2017. León.
4.-EL REY ALFONSO VII “EL EMPERADOR” DE LEÓN. Editorial Cultural Norte. 2018. León.
5.-URRACA I DE LEÓN. PRIMERA REINA Y EMPERATRIZ DE EUROPA. Editorial El Lobo Sapiens. 2020. León.
6.-EL REY RAMIRO II “EL GRANDE” DE LEÓN. EL “INVICTO” DE SIMANCAS. Editorial Alderabán. 2021. Cuenca.
7.-LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA. UN MITO HISTÓRICO. Editorial Alderabán. 2023. Cuenca.
8.-HERNÁN CORTÉS. SU PERSONALIDAD Y SU CARÁCTER EN EL IMPERIO AZTECA. Editorial El Lobo Sapiens. 2024. León.
9.-RAMIRO III, REY DE LEÓN. SEÑORÍO DE MUJERES. Editorial Alderabán. 2024. Cuenca.
10.-LOS CARTAGINESES EN LA PENÍNSULA IBÉRICA. Editorial Alderabán. 2024. Cuenca.
11.-LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES DE LOS REINOS DE CASTILLA Y DE LEÓN. NUEVO ESTUDIO. Editorial Alderabán. 2025. Cuenca.
12.-HISTORIAS DE LA REINA ISABEL I “LA CATÓLICA” DE CASTILLA Y DE LEÓN. Editorial Alderabán. 2026. Cuenca.
13.-HERENCIA TERAPÉUTICA DEL ANTIGUO EGIPTO EN LA MEDICINA GRECORROMANA: DE LOS PAPIROS MÉDICOS A DE MATERIA MEDICA DE DIOSCÓRIDES. Editorial Alderabán. 2026. Cuenca.
14.-ORDOÑO IV “EL MALO”, REY DE LEÓN. LA PSICOLOGÍA EN LA EDAD MEDIA. Editorial Nowtilus. Madrid. 2026.