XII Carrera de la Mujer (46)
Isabel María González Bonillo
Imagen de la portada de la newsletterImagen del autorHoy corro  La Chavannaise Pero esta semana entendí que hay otra carrera que llevamos corriendo mucho antes de atarnos los cordones.Hola,Hoy es domingo, y en un rato salgo a correr  La Chavannaise, la carrera en la que el año pasado quedé penúltima, y en la que este año inscribirme me costó más que correr.Toda esta semana le he estado dando vueltas a ese miedo: miedo a no ser suficiente, miedo a compararme, miedo a llegar la última. Y cuanto más lo miraba, más claro tenía que ese miedo no vive solo en la línea de salida de una carrera.Vive, sobre todo, en el plato.
La carrera que no tiene dorsal
Hay una manera de correr esa misma carrera,la de no sentirte nunca suficiente, que no necesita zapatillas ni cronómetro.  Se corre en la cocina, delante del espejo, en la báscula. Es comer de más cuando el día ha sido demasiado. Es dejar de comer cuando sientes que necesitas controlar algo, lo que sea. Es picar entre horas sin hambre real, o saltarte comidas como si eso demostrara disciplina. Es mirarte y decidir, en silencio, que hoy tampoco eres suficiente,y castigarte por ello con el cuerpo, porque es el castigo más silencioso y el que menos explicaciones pide.Nadie te ve correr esa carrera. No hay dorsal, ni línea de meta, ni aplausos. Solo tú, y esa exigencia disfrazada de cuidado.Yo la corrí durante años. Y sé lo que pesa 
Por eso nace Del Castigo al Amor Esta semana abrí un espacio nuevo para nombrar exactamente esto, sin suavizarlo. Se llama Del Castigo al Amor, y es para la mujer adicta al sufrimiento. La que cuenta calorías cuando las cosas no salen como quería. 

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