Los influencers perfidos
Antonio Guerrero Ruiz
Las redes sociales han cambiado nuestra manera de informarnos y de construir referentes. Proliferan influencers que opinan sin conocer, difunden informaciones sin contrastar y presentan sus interpretaciones como verdades. Algunos realizan manifestaciones que podrían constituir injurias o calumnias. No todos son iguales obviamente, pero ¿ser influencers convierte a alguien digno de admiración por que sí? ¿Ser usuario de la libertad de expresión significa que todo lo que uno expresa sea cierto? La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero no ampara la mentira ni la destrucción de reputaciones. Opinar no significa tener razón, y tener derecho a opinar no convierte una opinión en conocimiento. Los filósofos griegos reflexionaron sobre la diferencia entre opinión y conocimiento. Sócrates enseñó a cuestionar las afirmaciones y someterlas a la razón. No todas las opiniones tienen el mismo valor, aunque todos tengamos derecho a expresarlas dentro de la ley. Lo respetable es el derecho a opinar, no necesariamente el contenido de cualquier opinión. También importa la idea ejemplaridad. Sócrates defendía que las ideas debían reflejarse en la conducta y en la vida pública, en la relación con los demás. Esa es otra carencia de muchos malos influencers: la falta de ejemplaridad. No basta con comunicar bien; hay que ser coherente. No se puede reclamar respeto mientras se insulta o se difunden afirmaciones sin fundamento. Hay creadores y divulgadores rigurosos que aportan conocimiento y fomentan el pensamiento crítico. Otros no. La diferencia está entre ser influyente y ser un referente. Un referente debe reunir dos condiciones: saber de aquello sobre lo que habla y demostrar con su comportamiento los valores que transmite. Conocimiento y ejemplaridad; rigor en la palabra y coherencia en la conducta. Necesitamos referentes que nos ayuden a pensar y comprendan que influir exige responsabilidad. No todo el que tiene seguidores merece ser seguido, ni todo el que tiene voz merece ser escuchado como una autoridad. La sociedad no necesita influencers a cualquier precio: necesita mejores referentes. Un mal influencer, por muchos seguidores que acumule, no debería convertirse jamás en el modelo de nadie. La influencia no concede autoridad: se gana con preparación, honestidad y coherencia entre lo que se dice y se hace. Es lo justo además y lo que tiene sentido.
Sumario: Ser un referente no es lo mismo que ser un influenceres. Y en la red apenas hay referentes.
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Antonio Guerrero Ruiz, Doctor en Filosofía. Profesor UNED, Presidente Filosofía en la calle, Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH