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Quemarse trabajando

Antonio Guerrero Ruiz

El burnout laboral, o síndrome de desgaste profesional, no es solo una cuestión psicológica: es un síntoma de nuestra sociedad de la productividad extrema, donde el valor de las personas se mide por lo que hacen, no por lo que son. En este contexto, reflexionar filosóficamente sobre el burnout nos ayuda a entender que el problema es tanto social como existencial.

Desde Aristóteles, la filosofía nos recuerda que la vida buena no consiste únicamente en la actividad, sino en la virtud y en el equilibrio. El exceso de trabajo, la falta de descanso y la presión constante rompen ese equilibrio y nos alejan de la eudaimonía, la realización plena del ser humano. La sociedad moderna, obsesionada con el rendimiento, parece olvidar que el cuidado de uno mismo es un deber ético, tal como planteaba Michel Foucault en su reflexión sobre la “cuidado de sí” (epimeleia heautou). Según Foucault, cuidarse no es un acto egoísta, sino la base para interactuar de manera ética con los demás y con la sociedad.

Karl Marx, por su parte, ofrece una mirada crítica sobre la alienación laboral. El burnout puede entenderse como una forma extrema de alienación: la persona se consume trabajando, pero no encuentra sentido en lo que hace; su esfuerzo no le pertenece, y su identidad se diluye en la productividad exigida. Heidegger también podría aportar una lectura existencial: vivir solo para cumplir tareas nos aleja del ser auténtico, y nos reduce a meros “recursos humanos” en un mundo que exige eficiencia constante.

El burnout, entonces, es un síntoma del choque entre la ética deldeber, que nos empuja a rendir sin parar, y la ética del cuidado, que reclama tiempo para reflexionar, descansar y relacionarse. Filosóficamente, nos enfrenta a preguntas esenciales: ¿qué sentido tiene mi trabajo si me destruye? ¿Es posible vivir bien en una sociedad que premia la actividad sin fin? ¿Dónde termina la obligación laboral y comienza el derecho a la existencia plena?

Aceptar quemarse trabajando no es un mérito, ni un éxito, sino un fracaso de nuestras prioridades.Posponer la reflexión y el descanso no es heroísmo, sino una forma de autoalienación. Tal vez, como sugerirían Aristóteles y Foucault juntos, la verdadera sabiduría consiste en trabajar, sí, claro, pero sin perderse a uno mismo de la existencia y de nuestro mapa del mundo. Hay que dar el primer paso y despertar en nuestro interior.

Sumario:  El burnout refleja cómo la sociedad actual prioriza la productividad sobre la vida buena. Filosóficamente, cuestiona el equilibrio entre deber, sentido y cuidado de uno mismo.…….……………….

Antonio Guerrero Ruiz

Doctor en Filosofía. Profesor UNED

Presidente Filosofía en la calle

Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH

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