Antonio Guerrero
Tras el polémico RD, que no ha pasado la vía parlamentaria, se han generado diferentes corrientes de opinión lo suficientemente polemizadas como para obviar el verdadero problema de fondo. Por eso, considero que el verdadero debate no debería centrarse en si es correcto o no regularizar a las personas migrantes. El problema real, estructural y persistente es que en España el mercado negro de trabajo es ilegal en la ley, pero tolerado en la práctica. Existen denuncias, pero miles de personas trabajan sin contrato, sin derechos efectivos. Mientras esta realidad no cambie, regularizar migrantes sin regular el mercado laboral es una medida incompleta. Otorgar residencia administrativa sin transformar las condiciones reales del empleo solo provoca que muchas personas, aun siendo legales sobre el papel, continúen atrapadas en la economía sumergida. El Real Decreto, en este sentido, no ataja la raíz del problema, solo la parchea. A esto se suma otro elemento delicado: la discriminación positiva. El RD beneficia a determinados colectivos migrantes, algo que no ocurrió con otros migrantes anteriores que no tuvieron acceso a los mismos derechos. Lo cual no es justo. Esta lógica no es nueva: en España también existen españoles que no disfrutan de derechos efectivos en igualdad de condiciones. Cuando el Estado protege a algunos más que a otros, el principio de igualdad ante la ley se debilita. La discriminación positiva solo es legítima si conduce a la igualdad real. Cuando no lo hace, erosiona el Estado de derecho. Un Estado justo garantiza derechos para todos bajo un mismo marco normativo. Por eso este Real Decreto no resuelve sino aplaza. Y al aplazar el problema, genera además efectos previsibles, como un nuevo efecto llamada, sin haber reforzado previamente las estructuras para sostenerlo. Pero es preciso aclarar que nada de esto niega una evidencia básica: la migración es necesaria, forma parte del sistema productivo y toda cultura es el resultado de múltiples mestizajes. La multiculturalidad es positiva. Pero precisamente por eso, es imprescindible un marco regulador serio, que actúe sobre el mercado de trabajo, refuerce las inspecciones, y garantice la igualdad.
Sumario: Regular personas sin regular el sistema que las explota no es justicia.
Es solo una forma de administrar la desigualdad.…….……………….
Antonio Guerrero Ruiz
Doctor en Filosofía. Profesor UNED
Presidente Filosofía en la calle
Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH
