Inicio / Opinión / Síntomas de elitismo cultural

Síntomas de elitismo cultural

Antonio Guerrero Ruiz

¿Estas seguro/a de que no eres un elitista cultural? Piénsalo bien. No des nada por hecho todavía. No siempre se detecta a primera vista. El elitismo cultural rara vez entra en una sala anunciándose; suele llegar disfrazado de criterio, de gusto afinado o, en su forma más sofisticada, de “amor por la cultura”. Sin embargo, como toda patología social leve —o eso queremos creer— presenta síntomas reconocibles para quien afine un poco la mirada. El primero es la hipertrofia del matiz. El paciente no afirma: matiza. Un libro no es bueno o malo, sino “una revisión irregular pero sugerente de ciertas derivas narrativas contemporáneas”. La opinión se convierte en una maniobra de posicionamiento social y hasta político. Ya apuntaba Pierre Bourdieu que el gusto no es inocente, pero algunos lo convierten en un sistema de defensa, lo cual parece hasta hermoso. Segundo síntoma: la alergia a lo popular. Se manifiesta en una desconfianza automática hacia cualquier obra que convoque multitudes. Si gusta a muchos, algo debe fallar. No hay análisis previo, solo reflejo condicionado. La cultura deja de ser experiencia para convertirse en frontera. Tercero: el síndrome del paréntesis explicativo. Toda opinión ajena activa un leve impulso corrector: “sí, pero hay que entender que…”. No se busca compartir, sino reajustar al otro, como si cada conversación fuese una edición crítica. Cuarto: la ironía defensiva. Nada entusiasma del todo, nada emociona sin distancia. La risa aparece antes que el juicio, como un escudo elegante frente al riesgo de implicarse. El entusiasmo, al parecer, es sospechoso. Quinto: la acumulación referencial. Nombres, autores, movimientos se deslizan en la conversación no tanto para iluminar como para delimitar territorio. La cultura se vuelve inventario. Desde un punto de vista filosófico, el cuadro no describe tanto un exceso de conocimiento como un temor persistente: el miedo a la contaminación simbólica. Como si disfrutar sin filtros implicara perder estatus. El pronóstico no es grave. Se recomiendan pequeñas dosis de placer sin justificación, conversaciones sin jerarquía y, en fases avanzadas, reconocer ese viejo tic de empezar frases con “esto está bien, pero…”. Porque, en el fondo, la cultura que necesita marcar distancia quizá no esté tan segura de sí misma. O eso creo en un dia como hoy. Mañana igual pienso otra cosa.

Sumario: El elitismo cultural no siempre es consciente: se manifiesta en gestos y hábitos que marcan distancia más que criterio.

……………………..

Antonio Guerrero Ruiz

Doctor en Filosofía. Profesor UNED

Presidente Filosofía en la calle

Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Exit mobile version