Antonio Guerrero escritor

Antonio Guerrero Ruiz es Doctor en Filosofía

«Obra de tal modo que trates a la humanidad siempre como un fin y nunca únicamente como un medio». La máxima de Kant parece escrita para comprender lo ocurrido en Ceuta. Porque si algo ha quedado denostado en esta crisis ha sido precisamente lo humano. Detrás de cada fotografía de jóvenes cruzando el espigón había una persona con miedo, con esperanza y con un proyecto de vida. Sin embargo, casi nadie habló de ellas. Todos hablaron de poder. Marruecos fue el primero en convertir a esas personas en un instrumento político. En un contexto de enfrentamiento diplomático con España y de rivalidad estratégica con Argelia, la relajación de los controles fronterizos transformó una frontera en un mecanismo de presión. Miles de personas fueron conducidas hasta las inmediaciones de Ceuta y alentadas a cruzar. Un Estado que permite que sus propios ciudadanos arriesguen la vida en el mar para reforzar su posición internacional demuestra que el valor de esa vida ocupa un lugar secundario frente a sus intereses políticos. La geopolítica sustituyó a la dignidad. Y además todos dan por hecho que ese juego empieza con EEUU e Israel, lo que hace a esto mas macabro. España tampoco ha estado a la altura. La inmigración se ha convertido en un campo de batalla electoral donde el relato importa más que la realidad porque el voto vale más que la vida humana. Y Europa, por su parte, continúa refugiándose en una cómoda contradicción. Proclama la defensa de los derechos humanos mientras externaliza el control de sus fronteras y permite que terceros países utilicen la inmigración como arma diplomática. Es una política que protege conciencias, pero no personas. Kant tenía razón. Una sociedad comienza a degradarse cuando acepta que un ser humano puede convertirse en un medio para alcanzar un fin. Su imperativo moral era tan sencillo como revolucionario: las personas nunca deben ser utilizadas como instrumentos, sino tratadas siempre como fines en sí mismas. Cuando ese principio desaparece, también empieza a resquebrajarse la civilización. Dicho así, la deshumanización de la política comienza cuando las personas dejan de ser ciudadanos con dignidad para convertirse en estadísticas, votos o instrumentos al servicio de una estrategia. Cuando el poder olvida que detrás de cada decisión hay vidas concretas, la política deja de servir a la sociedad y empieza a servirse de ella.

Sumario: La deshumanización de la política comienza cuando las personas dejan de ser ciudadanos con dignidad para convertirse en estadísticas.

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Antonio Guerrero Ruiz es Doctor en Filosofía, Profesor UNED, Presidente Filosofía en la calle, Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH

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