¿Y por qué no un referéndum?
Antonio Guerrero Ruiz
Hay momentos en los que una democracia debe preguntarse si escucha realmente a sus ciudadanos o si se ha acostumbrado a que hablen en su nombre. La vivienda y la soberanía territorial, con Ceuta como referencia, son dos cuestiones fundamentales que adelantan la pregunta por qué no celebrar dos referéndums en lugar de ponerse en manos de la polarización política y de unas elecciones anticipadas. Pocas materias afectan tanto a nuestro futuro como el derecho a una vivienda digna y las decisiones sobre nuestro territorio. Si la soberanía reside en el pueblo, ¿por qué no permitirle pronunciarse directamente sobre asuntos de semejante trascendencia? La democracia representativa es necesaria, pero no puede convertirse en una delegación permanente de nuestra capacidad de decidir. Votar cada cuatro años no significa entregar un cheque en blanco. Los representantes administran temporalmente el poder; no son sus propietarios. Ya hemos visto cómo la ciudadanía puede movilizarse, por eso quizá haya llegado la hora de dejar de pedir a los partidos que nos escuchen y empezar a reclamar mecanismos para decidir por nosotros mismos. Más aún, la idea de un referéndum o de dos, es urgente en una sociedad polarizada, donde los problemas complejos se reducen a consignas y las ideas se simplifican hasta convertirse en relatos infantiles de buenos y malos. Un referéndum en el fondo es un espacio de pensamiento libre y critico. Precisamente por eso puede ser una oportunidad para recuperar una conversación pública en la que escuchar al adversario no signifique rendirse, sino reconocer que la realidad es más compleja que cualquier eslogan. Otros países europeos cuentan con mecanismos de democracia directa que permiten una participación ciudadana más allá de las elecciones. España también debería debatir cómo ampliar estas vías con garantías jurídicas, información plural y preguntas rigurosas. La vivienda y la soberanía territorial merecen, como mínimo, que nos planteemos seriamente esta posibilidad. No se trata de prescindir de los representantes, sino de recordarles que el poder emana de la ciudadanía. Una democracia sana no debería temer que el pueblo se pronuncie, sino temer que termine creyendo que su única función es elegir quién decide por él. La ciudadanía no debe limitarse a esperar la próxima convocatoria electoral. El pueblo debe elegir por sí mismo.
Sumario: El pueblo soberano debe exigir el referéndum como espacio de pensamiento libre y crítico.
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Antonio Guerrero Ruiz es Doctor en Filosofía. Profesor UNED, Presidente Filosofía en la calle, Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH