Cajamar reúne a Javier Perianes y la OCAL para hacer renacer la música de Falla en el Día de la Hispanidad

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Concierto OCAL 1

El concejal de Cultura, Educación, Museos y Tradiciones, Joaquín Pérez de la Blanca, asistió al concierto, enmarcado en la celebración del 25º aniversario de la Orquesta Ciudad de Almería

No todos los aniversarios necesitan discursos: algunos encuentran su mejor elocuencia en una orquesta que afina, en el silencio compartido que precede al primer compás de un auditorio. Así comenzó el concierto con el que Cajamar reunió en el Auditorio de su Centro Financiero dos efemérides de especial significado: el Día de la Hispanidad y los 25 años de trayectoria de una formación estrechamente vinculada a la vida cultural almeriense.

Al acto asistió el concejal de Cultura, Educación, Museos y Tradiciones, Joaquín Pérez de la Blanca, quien ha afirmado que “la Orquesta Ciudad de Almería es la banda sonora de Almería y provincia, y desde su nacimiento el Ayuntamiento le ha acompañado en este emocionante viaje. Quiero destacar su enorme calidad bajo la dirección de Michael Thomas y el magnífico trabajo con la cantera. Nos sentimos muy orgullosos de su crecimiento y consolidación”.

El programa estuvo consagrado a Manuel de Falla, que convirtió la raíz popular —y, de manera especial, el pulso andaluz— en un lenguaje propio y universal. La vida breve, Noches en los jardines de España y El sombrero de tres picos mostraron distintas facetas de una escritura en la que herencia y modernidad dialogan con naturalidad.

El recorrido comenzó con la intensidad rítmica y teatral de la Danza española n.º 1 de La vida breve, ópera con la que Falla obtuvo en 1905 el premio de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Extraída del segundo acto, la pieza condensó algunos rasgos esenciales de su escritura: síncopas, desplazamientos acentuales y una percusión que mantuvo a la orquesta en permanente movimiento.

La atmósfera cambió con Noches en los jardines de España, las tres impresiones sinfónicas para piano y orquesta que Falla escribió entre 1909 y 1915. En el primer movimiento, la música evocó el Generalife mediante una escritura transparente: el piano surgió y se replegó entre los acordes de la orquesta, con resonancias que se prolongaban en las maderas y las cuerdas. La Danza lejana convirtió después el ritmo en un recuerdo velado por la distancia y enriquecido por el refinamiento armónico y tímbrico del compositor. En el movimiento final regresó con más fuerza el pulso andaluz: el piano ganó presencia y movilidad, mientras la orquesta desplegó contrastes de ritmo y color. Bajo aquella apariencia libre, casi improvisada, latía una construcción de gran precisión. La tradición española se convirtió así no solo en ritmo y melodía, sino también en evocación, espacio y luz.

En el año dedicado a Manuel de Falla, la presencia de Javier Perianes, uno de sus intérpretes de referencia internacional, adquirió un significado especial. Premio Nacional de Música y Artista del Año de los International Classical Music Awards, el pianista había desarrollado una sólida trayectoria junto a grandes orquestas y directores como Daniel Barenboim, Zubin Mehta y Gustavo Dudamel. Su prolongada relación con Noches en los jardines de España, que había interpretado en escenarios de Europa, América y Asia, aportó al concierto una lectura profunda del universo sonoro de Falla.

Tras el intermedio, las dos suites de El sombrero de tres picos condujeron el concierto hacia su vertiente más teatral. Nacida de la pantomima El corregidor y la molinera y transformada por los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev en uno de los grandes títulos de la danza europea del siglo XX, la partitura conservó toda su capacidad para sugerir gesto y movimiento. La primera suite incluyó la Danza de la molinera, un fandango en el que la orquesta evocó el rasgueo de la guitarra; la segunda avanzó desde las seguidillas de la Danza de los vecinos hasta la intensidad de la Danza del molinero y la brillante acumulación rítmica de la jota final.

De la danza al paisaje sonoro y de este a la escena, el concierto reveló la amplitud creativa de Falla. El programa enlazó además la identidad andaluza del compositor con una sensibilidad compartida a ambos lados del Atlántico, una conexión especialmente significativa en la celebración del Día de la Hispanidad.

25 años haciendo crecer la música

La efeméride otorgó al programa un significado que trascendió lo musical. Desde sus primeros pasos, la OCAL ha ampliado los márgenes del repertorio sinfónico con proyectos de flamenco y pop-rock, colaboraciones con artistas de primer nivel y una atención constante a la formación de nuevas generaciones. Cumplir 25 años significó haber hecho de la orquesta no solo un escenario, sino también un espacio de encuentro, aprendizaje y pertenencia.

La celebración de la Hispanidad encontró así un eco concreto: el de una música capaz de enlazar orillas, herencias y sensibilidades sin renunciar al acento propio. Desde su arraigo almeriense, la OCAL ha crecido mirando más allá de sus límites y haciendo de la apertura una de sus señas de identidad.

El acto reservó asimismo un momento para reconocer el trabajo sostenido, constante y, tantas veces, discreto que acompaña a toda gran empresa cultural. Mercedes Oliver y Francisco García recibieron la Clave de Oro de manos del consejero delegado de BCC-Grupo Cajamar, Manuel Yebra, y del director artístico y musical de la OCAL, Michael Thomas.

Tras recibir la Clave de Oro, Mercedes Oliver y Francisco García agradecieron la distinción: “El concierto del 12 de octubre ha sido, para nosotros, un momento especialmente emocionante dentro de la celebración de los 25 años de la Orquesta Ciudad de Almería. Recibir la Clave de Oro de la OCAL ha supuesto un reconocimiento que recibimos con enorme gratitud y, sobre todo, con mucha emoción. Después de tantos años de trabajo, de proyectos, de ilusiones compartidas y de tantos músicos y personas que han formado parte de esta historia, sentir ese cariño es algo muy especial. La OCAL es mucho más que una orquesta. Es una parte de la vida cultural de Almería y, durante estos 25 años, hemos tenido el privilegio de crecer junto a la ciudad y de poner música a muchos de sus momentos. Queremos compartir este reconocimiento con todos los músicos, profesionales, instituciones, colaboradores y, especialmente, con el público, que ha hecho posible que la OCAL llegue hasta aquí. El concierto del 12 de octubre, junto a un pianista de la talla de Javier Perianes, ha sido también una magnífica manera de celebrar este aniversario: haciendo lo que más nos gusta y por lo que llevamos 25 años trabajando, hacer música y compartirla con Almería. Miramos hacia el futuro con la misma ilusión del primer día, convencidos de que todavía quedan muchas páginas por escribir en la historia de la OCAL.”

Manuel Yebra señaló: “Esta doble conmemoración nos recuerda que la cultura también construye comunidad. La OCAL lleva 25 años demostrando que el talento, cuando encuentra apoyo, continuidad y un territorio que lo hace suyo, puede proyectarse mucho más lejos. Para Cajamar es una satisfacción celebrar este camino juntos y reconocer a quienes lo han hecho posible con su entrega y dedicación”.

Michael Thomas puso el acento en el valor del reconocimiento y en la contribución de quienes han acompañado el crecimiento de la formación: “Son una maravillosa pareja que van más allá de los milagros que hacen con la parte organizativa de la Orquesta, cuidan a los músicos, los atienden como en ninguna otra orquesta de España o de Europa las 24 horas del día”.

José Ángel Vélez, músico perteneciente a aquellos históricos que actuaron en el primer concierto, subrayó el papel fundamental de Mercedes y Francisco, por los más de 25 años dedicados a este proyecto: “al que pertenecen varias generaciones de músicos, que hoy están en orquestas internacionales o continúan aquí. Gracias a ellos, que trabajan 365 días al año a la sombra, se ha pasado de no tener infraestructura en aquella primera vez a estar hoy aquí en las mejores condiciones”.

Al término del concierto, ambas efemérides habían encontrado una celebración común y una respuesta a una pregunta siempre vigente: cómo lograr que la tradición vuelva a sonar nueva. La respuesta estuvo en las manos de Javier Perianes, en la batuta de Michael Thomas y en una OCAL que, al cumplir 25 años, demostró que la fidelidad a las raíces no implica inmovilidad. Como la música de Falla, una identidad permanece viva cuando es capaz de transformarse.

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