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Fátima Herrera es candidata del PSOE a la Alcaldía de Almería

Una ciudad también se escribe en sus bancos. En quien se sienta a descansar, en la conversación que se alarga, en la sombra que permite salir de casa cuando aprieta el calor. Hay una Almería que se reconoce en esos gestos pequeños. Cortijo Grande tiene mucho de esa ciudad: jardines, calles peatonales y vecinos y vecinas que han hecho de la cercanía una forma de vivir.
Pero hasta la convivencia necesita mantenimiento. Una acera levantada dificulta el paseo de una persona mayor. Un árbol seco deja un hueco en el paisaje y suma grados en verano. La suciedad, las podas pendientes o el mobiliario deteriorado van haciendo más difícil habitar lo que es de todos. Y así el abandono municipal termina alterando la vida cotidiana.
Como portavoz socialista, creo que nuestra obligación es llevar esas necesidades al Ayuntamiento y exigir respuestas. Por eso planteamos un plan específico de limpieza, reparación de aceras y conservación de los espacios públicos de Cortijo Grande; un cuidado permanente de sus jardines y la reposición de los árboles que faltan, con especies adecuadas a nuestro clima. Porque la sombra también se planifica.
Junto a la avenida del Mediterráneo, las pistas de petanca son mucho más que un lugar para jugar. Allí se cultiva la vecindad y ello requiere de instalaciones dignas, un vallado seguro y un acceso adaptado, ya que también las utilizan personas del centro de A Toda Vela. Y ninguna barrera debería decidir quién puede participar de la vida de su barrio.
Hay una imagen que resume cuánto queda por hacer: un solar municipal donde se almacenan farolas retiradas que muy bien podría convertirse en un huerto urbano. Pedimos que se estudie su viabilidad porque donde hoy se amontonan desechos, mañana podrían cultivarse hortalizas y buenas amistades. Y es que gobernar también consiste en escuchar lo que un barrio es capaz de imaginar.
Hacen falta bancos y luz en la calle peatonal entre José María Artero y Tejares; medidas para reducir la velocidad en Regaliz; una zona biosaludable en la plaza Albaida que puedan disfrutar personas de distintas edades y capacidades.
Aquí, como en otros barrios que recorremos, los vecinos no piden grandes actuaciones sino pequeñas mejoras, demandas concretas de poco presupuesto y fácil ejecución. El barrio de Cortijo Grande ya tiene lo más difícil: una comunidad solidaria, cercana y comprometida. Al Ayuntamiento le corresponde estar a su altura. Porque un barrio florece cuando sus vecinos encuentran respuesta en sus instituciones.

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