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TENSIÓN ECLESIAL

por Jesús Martín Gómez

Nuestro entorno se encuentra continuamente sujeto al cambio. Aunque esta verdad es ya antigua, de hecho, los primeros filósofos ya se dieron cuenta de ello, en los últimos tiempos el cambio se ha intensificado. La era digital es uno de los principales elementos que han provocado esta aceleración. Esta aceleración del cambio se manifiesta también en el cambio del comportamiento del ser humano tanto individual como colectivamente.

En medio de esta vorágine muchos creyentes ven cómo su fe, parafraseando a Joseph Ratzinger, es como una pequeña barca zarandeada por todo viento de doctrina. Porque la historia de la Iglesia es también la historia de un delicado equilibrio entre tradición y actualidad. Las verdades fundamentales de la fe han permanecido inalterables dando cuerpo a la identidad de los creyentes. No se trata de rigidez estéril sino la garantía de que lo fundamental trasciende el tiempo, porque se basa en lo inmutable.

Esta tensión entre lo efímero y lo eterno, debe ser acogida como un signo que nos anime a buscar hoy el lenguaje que, sin renunciar a lo fundamental, se adapte a la mentalidad y a la situación de las personas. La tradición no es una simple conservación de formas antiguas, sino el depósito de un tesoro que sigue iluminando a las generaciones, porque quien lo fundamenta y es el contenido del mismo, sigue vivo.

Asumámoslo, los contextos culturales y mentales son muy distintos a los de hace siglos, pero también muy distintos a los de hace tan solo cincuenta años. Cuando veo los intentos de sostener un estilo de transmisión de la fe que renuncia a lo esencial haciendo de lo secundario un fin en sí mismo y que huye de lo que la gente reclama, no paro de recordar aquella escena de “Los Simpsons”, donde el Señor Burns se hacía pasar por el joven Jimbo para conseguir el petróleo que había debajo de la escuela.

Muchas veces le predicamos a personas cuyos intereses o visión del mundo dista mucho de la nuestra. Les decimos qué es lo que necesitan, en lugar de escucharlos de verdad y saber qué requieren. El reto de la Iglesia hoy es, por tanto, doble: permanecer fiel a lo que no cambia y, al mismo tiempo, hablar de ello con palabras nuevas.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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