Agustin Munoz

18-02-2018

Empezaré diciendo que soy un profano en economía que solo alcanza a conducir la suya y me dispongo a hacer una reflexión política sobre macroeconomía, lo cual supone una temeridad pero ello no es óbice para que ofrezca un relato de lo que estoy viendo desde que acusaban a ZP de no reconocer la crisis en la que se encontraba entonces el país.

Tres años después de esta acusación por el entonces primer Partido Político de la Oposición fue el Candidato a la Presidencia del Gobierno de esta formación política quien ofrecía resolver todos los problemas que tenían los españolitos y las españolitas de a pie como consecuencia del la ya reconocida crisis económica. E ingente cantidad de esos españolitos y españolitas de a pie confiaron en Mariano Rajoy porque pensaron que el PP era la fuerza política de los empresarios a los que ayudaría, crearían empleo y se resolverían los problemas que les aquejaban.

Así que Mariano Rajoy venció a Pérez de Rubalcaba por goleada, y consiguió una mayoría absoluta que le permitía gobernar en solitario sin dependencias, por lo que sería Gobierno puro de la Derecha. Pero hete aquí que no se hizo necesario que avanzara mucho la legislatura para comenzar a podar el árbol, si se me permite el símil, empezando por una subida del IVA que encareció el consumo lo habido y por haber, para simultáneamente empezar con recortes sociales en servicios públicos que habían costado sudor y lágrimas conseguirlos, y, ¡como no!, a los funcionarios, como siempre son la causa de todo lo negativo, por Ley les recortó el sueldo y le quitó la Paga Extra de Navidad, la que más valor sentimental tiene. Y en contraposición, como si los sueldos de los representantes políticos saliera de otra arca distinta a la de los trabajadores ni se le tocó la Paga Extra de Navidad cuya cuantía depende única y exclusivamente de quien se la pone, por lo que tontos serán pero de pillos tienen un rato; y a la Banca, en agradecimiento por los servicios prestados, dispuso pagarle todo cuanto habían dilapidado a cargo del honrado trabajador y la honesta trabajadora, eso sí, de a pie.

Empezaron los recortes hasta la saciedad, que pronto pasaron a llamarse reformas, y el resultado fue una reforma laboral leonina que suponía el despido libre en la realidad, con horarios de esclavitud y sueldos raquíticos, circunstancias que no desaprovecharon los agradecidos empresarios que pronto comenzarían a despedir plantillas y readmitir en gran medida. Así, pues, la poda fue tremebunda y ni los más entrados en años recordaban una situación similar, viéndose en la obligación de cobijar a sus descendientes ante la situación de extrema pobreza. Poda que, no se hace necesario ser agricultor, ha sido suficiente una llovizna y un cambio de estación para que el árbol vuelva a florecer, pero la duda está en si el crecimientos de sus ramas y demás articulaciones es igual o similar a las que tenía antes de ser podado. Y parece que no.

El Presidente del Gobierno, también, en mi opinión, está en su obligación de proyectar confianza en el futuro e ilusión aunque sea fruto de la fe, empezó a sentirse orgulloso de su acción política y obviamente a justificarla, olvidando los brotes verdes de ZP y a llamarlos crecimiento. Cada trabajador readmitido se ha convertido en todo un festejo popular en tanto que el previo despido de las plantillas ha sido un arma política arrojadiza contra el adversario.

Pero la poda ha dejado a los españolitos y a las españolitas de a pie sin sombra, y comenzaron a sentirse agraviados, porque mientras ello ocurría veían que a sus gobernantes no les afectaba nada la crisis económica y eran tan despiadados que robaban a manos llenas y sin pudor. Y aquí fue cuando se vio acorralada la clase media en vías de extinción y exhausta la clase baja que se desplazó físicamente hacia las zonas más deprimidas. En este estado de cosas, se empezó a pensar que cualquier situación anterior fue mejor y rememoraban los sueños que tenían no hacía mucho tiempo, cuando algun@s les descalificaban por ser un@s idealistas.

Con la vista siempre hacia frente y abajo, me precio de haber sido el primer comentarista político que ha sostenido públicamente, primero, la necesidad de renovar al mismo tiempo que regenerar la clase política y, pasado un tiempo, refundar el sistema político de libertades públicas, ante la previsión, como si fuera fruto de la iluminación divina, de la aparición de un personaje que viene a llamar El Iluminado, capaz de aglutinar en torno a sí al manantial de indignación social que se estaba generando. Parece que no iba desencaminado, y la percepción u omisión de nuestros gobernantes ha provocado la situación en la que nos encontramos, en la que, por supervivencia, nos están metiendo el miedo en el cuerpo como si llegara el fin del mundo y generando una inestabilidad socio-política añadida que se les está volviendo en contra. Desde mi humilde punto de vista se le debería estar dando respuesta al desapego social hacia su clase política desde el interior de ésta, como se hizo durante la Transición Política, que bien distinta hubiese sido si se hubiera conducido por los opositores a Franco, por lo que considero un craso error no haberlo hecho así y consecuentemente no tienen motivos para quejarse al haber provocado el actual estado de cosas y lo haber reaccionado.

Y en el capítulos de errores, de los que nadie estamos exentos pero que ningún gobernante admite equivocarse, resulta agraviante que el Presidente del Gobierno se venga sintiendo orgulloso y satisfecho de la situación creada en España cuando a él y a su clase política no le ha afectado nada y mientras muchos españolitos y españolitas de a pie se están viendo en la necesidad de hurgar en los contenedores recién vaciados para llevarse algo a la boca. Una cosa es lo que se piensa y otra bien distinta su manifestación, que no siempre se produce, y humildemente escucho sentimientos escalofriantes por agravios producidos por nuestros gobernantes.

Como corolario, desde mi punto de vista es fácil crecer tras haber recortado, y la satisfacción gubernamental debería llegar cuando se repusiera el estado anterior al de la crisis, por lo que mientras no se llegue a él, en mi opinión, no se está creciendo, y sirva el símil de la poda del árbol.

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