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Morricone Rock Experience potencia la épica belleza de las obras del compositor italiano en un concierto incontestable

El Auditorio Municipal Maestro Padilla recibió anoche el estreno mundial de una propuesta que subraya la vinculación de Almería con el cine y la grandeza de un autor irrepetible

No había mejor ciudad que Almería para el estreno mundial del concierto Morricone Rock Experience. Lo más granado del repertorio del compositor italiano, que entró en la historia del cine dando música a la trilogía del dólar de Sergio Leone, tan vinculada a la provincia almeriense, revivió ayer con toda la plenitud de su elegancia, belleza y épica, con el añadido enérgico del rock, en el Auditorio Municipal Maestro Padilla. Se trata de un espectáculo de producción española, a cargo de DGB Producciones, y creado en Italia, enmarcado en la programación trimestral puesta en marcha desde el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería.

Bajo, batería, teclados y guitarra, un cuarteto de cuerdas y dos voces líricas conforman la banda que durante dos horas y apoyados por proyecciones alusivas, a veces de época, otras surrealistas y, cómo no, cercanas al western cuando la ocasión lo precisaba, dan lustre a un concierto intenso que se escucha y estimula la memoria ante tantos pasajes y escenas indivisibles a su banda sonora.

‘Cinema Paradiso’ fue la que abrió y no faltaron ‘Érase una vez en América’, ‘El secreto del Sahara’, ‘¡Agáchate, maldito!’, ‘Sacco y Vanzetti’, la citada trilogía del dólar, con ‘Por un puñado de dolares’, ‘La muerte tenía un precio’ y ‘El bueno, el feo y el malo’ o ‘La Misión’, con la que cerrarían a modo de bis final.

Además, también se recuperaron tres piezas del italiano compuestas ajenas al cine, como ‘C’era un ragazzo che come me’ –una canción protesta de 1966 interpretada por Gianni Morandi-, ‘Il Mondo’ –clásico italiano de 1965 popularizado por Jimmy Fontana, cuyo éxito se debió en gran medida al sofisticado arreglo de orquesta realizado por Ennio- y ‘Se Telefonando’ –de un programa de televisión y que interpretaba Mina-.

En cada nota de Morricone habitaba el silencio, la espera, la memoria y el destino. Supo convertir un gesto en melodía, un paisaje en emoción, un plano en eternidad. Su música hizo visible lo invisible y dio voz a personajes que no hablaban, a historias que aún no habían sido contadas. Morricone cambió para siempre la forma de escuchar el cine y en ese eco que permanece sigue latiendo la emoción de todas las películas que tocó con su talento. Hay músicas que no solo se escuchan, se recuerdan como un paisaje.

Morricone supo escuchar el silencio del desierto y convertirlo en melodía. Entre tantas obras creadas para el cine, Morricone encontró en un rincón de España la inspiración. En Almería su música encontró un hogar invisible. Entre la luz cegadora y el polvo de los caminos, sus notas dieron voz al viento, al ruido y a la épica.

Morricone, llamado cariñosamente maestro por sus compañeros, era ‘solo’ eso: un maestro de su arte, un verdadero virtuoso, que entrelaza sin esfuerzo estilos contrastantes para producir la música más sublime de nuestro tiempo. Con fusión de géneros que van del rock al pop, del jazz al clásico, con motivos emocionales al más puro estilo wagneriano y con un anhelo por buscar siempre el sentimiento preciso en forma de música.

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