Moisés Palmero Aranda es Educador Ambiental

No se asusten, no es una errata. No es que celebre este día porque esté harto (bueno, un poco sí) del deterioro de nuestras masas forestales, que están siendo esquilmadas por los incendios, el cambio climático y la mala gestión de nuestras administraciones. Tampoco quería darles la orden de detenerse gritando ¡Alto!, con un soez y vulgar cliché torrentiano, ahora que está de estreno, de un guardia civil andaluz.
A lo que vengo a referirme es que vamos a celebrar el Día Internacional de los Bosques, el de la Poesía, el inicio de la Primavera y el Día Mundial del Agua, llevando a cabo, el próximo sábado 21 de marzo, una actividad, reivindicativa, de sensibilización y voluntariado ambiental en los artales; el bosque invisible que nadie ve o, mejor dicho, que nadie quiere ver, porque algunos sí que están hartos (y nosotros de ellos) de las matas o los pinchos, como los suelen llamar de forma despectiva.
Las artineras constituyen una de las comunidades vegetales más singulares de España. Reciben su nombre gracias a la presencia de dos especies en peligro de extinción a nivel nacional. La principal es el arto negro, Maytenus senegalensis subsp. europea y, en menor medida, el azufaifo o arto blanco, Ziziphus lotus.
Se pueden encontrar en África y Asia, pero en Europa solo las encontramos en el sudeste español, en las provincias de Málaga, Alicante, Granada y Almería. Por lo que es una suerte poder disfrutarlas en El Ejido.
Se estima que en el Campo de Dalias, este bosque ocupaba una extensión de 26.000 hectáreas, llegando hasta los pies de la Sierra de Gádor. Hoy día, casi todas han desaparecido, sustituidas por el mar de plástico, salvo algunas pequeñas manchas diseminadas entre los invernaderos protegidas por la Red Natura 2000 de la Unión Europea, para su conservación como Lugar de Importancia Comunitaria.
El LIC Artos de El Ejido se declaró en 2006 y ocupaba una superficie de 264,44 ha. En los últimos años, por una sentencia judicial desafortunada (por decirlo finamente), se ha reducido a 189,36 ha. Actualmente, se está en vías de revertir esta insostenible sentencia, recuperar la extensión inicial, redactar el Plan de Gestión y declararse como Zona de Especial Conservación (ZEC) para garantizar su protección, que ya estaba garantizada aunque algún juez dictase lo contrario.
A pesar de su singularidad, importancia y protección, es un ecosistema muy poco valorado por la ciudadanía. Consideramos que es necesario darlo a conocer y acercar a los vecinos a estos Espacios Naturales Protegidos, ya que lo relacionamos con uno de los cuatro bosques que los antepasados de la romana Murgi utilizaban para su sustento.
Es un espacio diseminado por todo el municipio, con diferentes manchas bien conservadas de distinto tamaño. Queremos actuar en una de las más accesibles, a la que llevamos a los escolares, desde hace cinco años, que participan en el Aula de Ecología Urbana y que queremos convertir en una zona para la educación ambiental, ciencia ciudadana, como refugio climático, ocio, disfrute y zona deportiva para preservar la salud, pero siempre garantizando su protección y conservación.
Para conseguirlo, varios colectivos locales que trabajan por el patrimonio ambiental, cultural y etnográfico, que viene a ser el mismo, junto al Ayuntamiento y los propietarios del terreno, nos vamos a juntar para dar el primer paso y hacer una lectura de poemas ambientales y una limpieza ciudadana.
Si todo va bien, a medio y largo plazo, queremos vallar el perímetro para que los incívicos no sigan arrojando basura, poner paneles informativos, delimitar el sendero para reducir el impacto de los visitantes y sus mascotas cazaconejos, elaborar un plan de actividades divulgativas y firmar un acuerdo de Custodia del Territorio con los propietarios.
Una idea ambiciosa para la que ponemos una nueva semilla y así convertir el bosque invisible en el bosque protector, inmortal, el del futuro, el que nos cuide, alimente, calme la sed, nos caliente y relaje. Si te apetece, únete, nos haces falta, aprende a mirar, pon tu granito de arena, porque queremos hacerlo juntos, porque así somos más fuertes, invencibles y conformamos un bosque, el bosque de los iguales.








