Manuel Jesús Picazos Salvador
El prestigioso laboratorio de bioarqueología Memolab, vinculado a la Universidad de Granada, ha terminado su segunda campaña de excavaciones en el Cabezo María, en Antas, y la primera conclusión confirma que allí vivió entre los siglos V al VIII de nuestra era una excepcional y numerosa comunidad monástica cristiana bizantina.
El principal objetivo de esta campaña consistía en dejar preparado el yacimiento para una posterior actuación de consolidación y musealización que permita dar a conocer al público la monumentalidad de los hallazgos realizados.
A tal efecto, los investigadores, bajo la dirección de los arqueólogos Julio Román -director del proyecto-, José María Martín Civantos -director de Memolab- y Antonio Rubio, han aflorado un gran refectorio anexo a la cocina y el almacén ya descubiertos el año pasado.
También han llegado hasta el piso de la gran iglesia-basílica de tres naves y presbiterio orientado a levante. Aquí han encontrado que la nave colocada frente al valle estaba dotada de solería, a diferencia de las otras dos y el altar, cuyo nivel es el de la roca excavada.
Las naves estaban separadas por columnas, cuyos pies se conservan, aunque las que distinguían la central de la incrustada en el volcán, fueron convertidas en muro en una posterior etapa, probablemente mudéjar, con un fin aún por averiguar.
Uno de los grandes hallazgos de esta segunda campaña ha sido la entrada al templo por una escalera monumental orientada al valle dentro de una zona porticada, que debía causar un gran impacto visual desde el pie del Cabezo.
Los trabajos de excavación se han extendido a celdas y habitaciones perforadas en el cerro, y han sido complementados por un vuelo que ha permitido descubrir numerosos espacios y asegurar que allí vivió durante esos siglos una notable población de monjes y personal a su servicio que podría extenderse a varios cientos.
Además, este monasterio cenobítico bizantino, dadas sus dimensiones y equipamiento encontrado, debió tener una gran importancia. El profesor Román sostiene que “pudo tratarse del lugar central desde el que el Imperio Bizantino quiso expandir el cristianismo católico al resto de la Península en un tiempo en el que el arrianismo, que había entrado por el norte con los visigodos, gozaba un momento de supremacía en las comunidades cristianas de Hispania”. Cabe recordar que los vestigios de esta iglesia son de momento “los más antiguos de un templo cristiano encontrados al sur del Ebro” Julio Román añade que este monasterio fue también, “con toda probabilidad, un importantísimo centro logístico”. Así se desprende de “la gran cantidad de lujosa cerámica producida en todo el Mediterráneo, desde Túnez a Líbano, Siria, Egipto o Palestina. Esta congregación pudo haber sido agente comercial de estos productores en el resto de Hispania para financiar con su venta el Monasterio”.
Entre los restos cerámicos hallados, no sólo hablamos de vajillas y ánforas, sino, además, de otros, como lucernas, “siempre con simbología cristiana grabada, principalmente el carnero pascual”.
“Antas cuenta por fin con un conjunto monumental extraordinariamente importante que mostrar al mundo”, sustenta el alcalde, Pedro Ridao. “La investigación en el Cabezo María forma parte del Plan 2020-2030 elaborado por el Ayuntamiento para rescatar y rehabilitar nuestro patrimonio, y en muy poco tiempo, apenas 20 días de excavación en dos años, ha ofrecido sorprendentes resultados que irán creciendo en próximas campañas”.
Ridao añade que el Ayuntamiento trabaja en las bases para sacar a concurso nuevas investigaciones en El Argar. “Es algo que debemos a don Gabriel Martínez, Anna María Roos y al recientemente fallecido profesor Oswaldo Arteaga, quien insistía en que quería colgar sus botas de arqueólogo en este yacimiento”, concluye el primer edil.








