El Centro de Día Mambré, Calor y Café, de Cáritas Diocesana de Almería, ha puesto en marcha el pasado 2 de marzo un servicio de peluquería dirigido a personas en situación de sin hogar. La iniciativa, llevada a cabo en colaboración con la academia de peluquería De La Calle Education, se ofrece cada miércoles y está teniendo una gran acogida entre quienes acuden al centro. Cada semana se atiende a unas 15 personas gracias a la colaboración voluntaria de estos profesionales de la peluquería.
Más allá del corte de pelo, el servicio está contribuyendo a mejorar el bienestar personal, la imagen y la confianza de quienes participan. Este recurso se integra en la atención que ofrece Mambré, donde las personas pueden cubrir necesidades básicas como el aseo, la alimentación, la ropa o la atención sanitaria. En este contexto, el cuidado personal supone un paso más: no solo responde a una necesidad práctica, también influye en cómo cada persona se percibe y afronta su día a día. El centro mantiene, además, un acompañamiento individualizado basado en la escucha, la orientación y el apoyo continuo, facilitando el acceso a recursos y promoviendo procesos de mejora personal e inclusión social.
Durante el mes de marzo, Mambré ha atendido a 122 personas —112 hombres y 10 mujeres—, muchas de ellas beneficiarias también de este nuevo servicio. Encarna, subdirectora de Cáritas Diocesana de Almería, subraya el valor de la iniciativa: “Estamos muy contentos. Es una solidaridad que ha surgido de forma muy natural y que está llegando a muchas personas. Mambré es un espacio donde intentamos ir un poco más allá de lo básico, acompañar de verdad. Cuando planteamos la idea, la respuesta fue inmediata y muy generosa”.
Por su parte, Francis de la Calle, responsable de la academia DLC Education, destaca el sentido de la experiencia: “Poder ayudar a otras personas desde nuestra profesión es lo más bonito. No es solo una actividad, es también un golpe de realidad que te hace ver muchas cosas”. Se trata de la primera vez que desarrollan una iniciativa de este tipo, tanto para el equipo como para el alumnado, que ha respondido con una implicación destacada desde el inicio. “Son afortunados por tener la oportunidad de aprender así. El primer día ya se les notó el cambio: más implicados, con otra actitud. Lo están viviendo con mucha ilusión”.
Desde la academia también subrayan el valor educativo de la experiencia. Samuel, monitor de la academia, lo explica así: “Para nosotros es un placer estar aquí. No enseñamos solo a cortar el pelo, también trabajamos valores como el respeto, la responsabilidad o el compromiso. Vivir algo así les ayuda a valorar más lo que tienen y a entender mejor la realidad de otras personas. Es aprendizaje para la vida”.













