AGUSTÍN DE J. MUÑOZ SOLER
Me ha resultado sumamente grato escuchar al Cardenal Roucco Varela referirse al movimiento juvenil 15M como una consecuencia del espíritu y del alma, lo que, independientemente de las causas que lo han originado, que, en mi opinión, para nada se corresponde con lo espiritual, supone una aportación más a lo que vengo denunciando cada vez que se me brinda la ocasión y que es la la sociedad sin valores que se está construyendo.
Y en la construcción de esta sociedad de valores que se está construyendo, y que yo vengo a denunciar, tiene mucho que decir la Iglesia Católica, y para no ser sumamente injusto su dirección en España, que parece estar más preocupada por la política y lo material que por reconfortarnos el espíritu, estando seguro de que si se preocupara más de reconfortarnos el espíritu conseguiría tener más seguidores y tener un papel más relevante y determinante en la sociedad actual.
Olvidándome por obvio como creyente de disquisiciones religiosas, resulta fácilmente constatable la influencia que en la sociedad actual tienen determinados comportamientos llevados a cabo justamente, y ahí están sus protagonistas, por la clase dirigentes de organizaciones políticas que utilizan la religión para sus fines políticos. Desafortunadamente, haciendo honor del viejo dicho de nuestro viejo refranero “todos los caminos conducen a Roma”, todo nos conduce a la política, no ciertamente a la política como concepto sino a la clase política. Y son los personajes políticos los que marcan pautas sociales como líderes de opinión que en cuanto a lo social han conseguido quedarse en exclusiva con ese liderazgo en contraste con otras épocas de la Historia de España en lasque era compartida y en su nivel de responsabilidad bien podríase haber establecido un debate pero no haber dejado la exclusividad a los personajes políticos.
Es sin duda la consecuencia, desde mi punto de vista, lo que nos ha abocado a la sociedad sin valores que se está construyendo y que padecemos, en la que los valores morales sobre los que se asentaba la sociedad española no solo han desaparecido sino que están siendo descalificados. Y estos últimos ocho años han sido un fiel exponente de esta sociedad sin valores, durante los cuales la organización política que se atribuía ser la defensora de los valores y tradiciones históricos de la sociedad española, jaleada por la dirección católica, tomaba las calles de las grandes urbes para protestar contra el Gobierno de la Nación resultante de las Elecciones Generales al que pretendieron deslegitimar antes de tomar posesión.
E inmersos en este ánimo deslegitimador se arremetió persistente y cansinamente contra la política antiterrorista del Gobierno de la Nación justamente que menos ha padecido la acción de la banda terrorista ETA, lo que no ha pasado desapercibido para ni9ngún españolito y españolita de a pie que a buen seguro habrá hecho tantas cábalas como yo para encontrar una razón a esta acción política sin sentido. Decía que durante estas dos Legislaturas se ha contribuido, tal vez determinantemente para quienes la hayan escogido como referente, a esta sociedad sin valores que padecemos, porque tras esa acción política que acabo de reseñar se ha plasmado ante la sociedad española la máxima de que todo vale para la consecución del Poder, es decir, el fin justifica los medios.
Con esta filosofía de acción política se ha podido observar el bochornoso espectáculo con el que frecuentemente nos animaba la banca autocalificada ‘popular’ en la Cámara Alta o Senado, ejemplo en el que ningún españolito o españolita civilizado debiera reflejarse. Insultos y agresiones verbales, acusaciones con las que nos hemos llevado más de uno las manos a la cabeza, se han llevado a cabo por la clase dirigente del Partido Popular, que en pueblos y ciudades ofrecía como filosofía de su acción política la inexistencia de la honradez, razón por la que todo vale para conseguir el Gobierno cualquiera que fuere su ámbito. Y si esto llega a los cuadros más bajos de esta organización política, dígaseme de que valores se pretende dotar a la sociedad española.
Expresiones y excesos verbales que no dejan de ser meros gestos tan repugnantes como detestables pero que no llegan a alcanzar las cotas que ha alcanzado la que he venido en llamar la Legislatura de la Corrupción y que se ha saldado con el jaleo popular más estruendoso para los candidatos ‘amigos de lo ajeno’ que han visto incrementado su apoyo popular en un ejercicio y en una constatación del ejercicio de la moral y los valores que se han conseguido implantar en la sociedad sin valores. Este dato define y explica por sí solo la cantidad de valores existente en la sociedad que se está construyendo, con la consecución del mayor apoyo popular para las listas electorales con candidatos condenados y/o imputados judicialmente, y se da la curiosa circunstancia de que todos estos personajes políticos condenados y/o imputados judicialmente se han presentado bajo las siglas del PP. Pero lo grave no solamente es que se desee sustituir la Justicia por apoyo popular sino el asentimiento generalizado con honrosas excepciones. Como diría el castizo, ¿de qué nos quejamos?. Aquí nos encontramos con la manifestación más elocuente y exponente de los valores que tiene la sociedad que se está construyendo.
Yo entiendo que en todas partes hay delincuentes y que todas las organizaciones políticas pueden ser utilizadas por estos desalmados para llevar a cabo sus supuestas fechorías en el caso de los imputados judicialmente, pero lo que no comprendo es la razón por la que la clase política dirigente presenta como candidato a una persona que ha sido condenada judicialmente o que se encuentra imputada judicialmente. Yo también estoy indignao.





