La crisis crea Podemos
2015
Empezando una vez más con la profesoral frase ‘decíamos ayer’, a nadie se le escapa que el cúmulo de crisis que viene padeciendo España a lo largo de este último lustro ha creado a Podemos, lo que hace más de dos años sospechaba como fruto de la inspiración divina con El Iluminado, que en Italia se plasmó en Berlusconi ante una situación similar a la nuestra.
Vaya por delante mi más elevado grado de satisfacción por la aparición de Podemos, estado de ánimo que contrasta con la visceral reacción de la clase política clásica ante el éxito electoral rotundo conseguido por Pablo Iglesias. Me contaba algún sociólogo, y los hechos le avalan, que la crítica exacerbada, descerebrada, apasionada y visceral provoca un acompañamiento popular hacia la víctima, y todo parece indicar que ese ensañamiento irracional contra Pablo Iglesias, y Podemos en general, ha conseguido la simpatía de muchos españolitos y españolitas de a pie, lo que le ha situado en una verdadera alternativa de Gobierno.
Mientras cualquier opción política tiene que esforzarse por ganar la simpatía del electorado, en el caso de Podemos solo ha tenido que resistir para conseguirlo, y lo peor de todo es que continúan ejercitando la visceralidad pese a los efectos que produce. Comportamiento que produce en el electorado, desde mi humilde punto de vista, el doble sentimiento de utilizar el cargo público para afianzarse en él además de aprovecharse económicamente, deduciéndose que se ejercita la actividad política en España más con las vísceras que con la cabeza.
Decía que la crisis ha creado a Podemos y parece una evidencia que es así, ya nadie lo discute. Pero una crisis económica no tumba a un Gobierno y mucho menos a una mayoría social, lo que sí hace cambiar a una sociedad es el proceso que ha conducido a esas crisis económica y la administración que de ella se está haciendo. Veamos, como buenos estrategas lo primero que se hizo fue aniquilar los valores tradicionales existentes en la sociedad española, que comenzaron a dejar las Iglesias vacías y a considerar snobismo toda carencia de normas y conductas.
Sirva una brevísima reseña como imagen de este aniquilamiento de valores en la sociedad. En mi infancia se me decía que señalar era de mala educación como también el tutear a una persona mayor y que el Alcalde o el Procurador o el Diputado eran personas a imitar; pues bien, se hizo necesario que el Presidente Aznar señalara con el dedo índice y pusiera los pies encima de la mesa para que en todo el país se transite sorteando manos alzadas; o que se fomentara el tuteo como proximidad para que niños y adolescentes tuteen a profesores y mayores, así como se ha establecido el estado de opinión de que la actividad política es la mejor profesión y en la que el que no se aproveche es un subnormal. En el vértice de esta sociedad sin valores se encuentra la aberración intelectual de que el personal de oficios es del PP y los profesionales del PSOE.
Despejado el camino solo se ha hecho necesario caminar por él, y ciertamente ha cundido. Lo primero que se hizo fue asegurar económicamente al cargo público, dotándolo de un emolumento para que no metiera la mano donde no debía, y después se afianzó el estado de opinión para que no alarmara el ladronicio, de tal manera que hoy en los municipios el capital lo poseen los políticos y no los emprendedores.
Pero en el camino se quedó corto y se prolongó con la avaricia que acabó en una crisis económica que única y exclusivamente viene padeciendo el españolito y la españolita de a pie, con la desaparición de la clase media que tanto enorgulleció a Franco y el empobrecimiento solemne de la clase baja. Y aquí empieza a observarse que los desempleados se ven abocado a hurgar en el contenedor y a los trabajadores solo le llega el sueldo para pagar la luz, el agua y no hacer tantas celebraciones como antaño. Y mientras ello sucede nos encontramos con que el concejal, que antes de serlo no tenía oficio ni beneficio, en la actualidad es un personaje que viaja con Visa y es trasladado al aeropuerto por el coger; un Don Nadie que el cargo lo ha reconvertido en una personalidad y como tal se trata con los más ilustres personajes vips.
La situación deja escasas reacciones al sufrido contribuyente y al padecido ciudadano. Por una parte, el contribuyente observa como su dinero es empleado en pagarle a los palmeros y pesebreros que le imponen un sueldo en tanto que ellos lo tienen a su libre albedrío, y además se van de comilonas cuando a él su sueldo le permite un domingo comer fuera de casa y en restaurante sin estrellas; por la otra, al desempleado no le dejan más opción que hurgar en los contenedores, convivir con sus padres de los que se emanciparon y en el mejor de los casos aceptar un sueldo mísero de solemnidad sin horario, con lo que se le pone en la alternativa de vivir inspirado en los principios morales que le inculcaron o a la delinquir en la seguridad de que la comida y el seguro de desempleo lo tendrán.
Ínfimamente condescendientes pero con dignidad se encuentran con que un grupo de personas trabajadoras tienen las mismas preocupaciones que ell@s, no importa la ideología que tengan pero tampoco hacen gala de ella, pero sí tienen esa preocupación que muestra una gran parte de la sociedad. Con escaso esfuerzo consigue, como lo hiciera José María Ruiz Mateos, en las Elecciones Europeas unos resultados que indignan y preocupan a la clase política contra la que tanto se habla, por lo que se concluye que parece haberse acertado en la elección del dirigente político capaz de reconducir la situación, y Podemos se dispara en la recepción de todo ese manantial de indignación social. Y cuanto más arremete La Casta contra Pablo Iglesias, más sube Podemos en intención de voto. Este es mi escenario desde el que pienso que se ha formado Podemos, con quien resulta difícil no simpatizar.
El único problema que le veo a Podemos es el día después a formar Gobierno, cuando sea capaz o no de levantar las alfombras, y no de mantener, subir o bajar los impuestos. Entrar en un Ayuntamiento y ponerlo ‘boca arriba’, como se diría en términos coloquiales, será una exigencia de su electorado y de muchos otros votantes que no le han votado, y son muchas las razones para que el hasta ayer Don Fulano o Doña Fulana no vea manchada su reputación, conseguida a base de corruptelas, discriminaciones y persecuciones.