La movilización local
17.03.2011
Nos encontramos ante unos comicios electorales ante los que los Estados Mayores de las diversas fuerzas políticas que concurren perfilan sus estrategias electorales con el nada propósito oculto de conseguir, en cuanto a las Elecciones Municipales se refiere, el mayor número de Alcaldías que encarnan los respectivos Equipos de Gobierno.
En estos comicios competirán quienes optan con voluntades diversas pero en un marco aceptado mayoritariamente y quienes concurren a la reelección con los más diversos propósitos entre los que destacan los que lo hacen para acabar un proyecto político y quien persiguen perpetuarse en un régimen que han implantado para satisfacer intereses exclusivamente personales y que son los que merecen el repudio generalizado de sus congéneres pero que a buen seguro encontrarán el cultivo suficiente de los que vengo en llamar ‘pesebreros’ que son los comúnmente conocidos como ‘estómagos agradecidos’.
Y a estos últimos me referiré porque los otros dos casos me parecen loables y admirables que con la que está cayendo en la Europa Comunitaria hayan decidido hacer un admirable ejercicio de responsabilidad para conseguir cambiar el estado en que se halla su pueblo o ciudad. En un momento en que la geografía de nuestro entorno africano se está convulsionando en un ejercicio digno de todo elogio para rebelarse contra la subyugación que históricamente viene padeciendo, puede inducir a la confusión el mero empleo del término movilización pero que en su sentido más exacto de la acepción es la que determinará el resultado de estas Elecciones Municipales.
La fría constatación de la situación en la que se han visto abocados muchos pueblos y ciudades de nuestra querida España, y en particular de nuestra entrañable provincia de Almería podría inducir a estimular nuestros sentimientos más cívicos para rebelarse contra esos pequeños dictadorzuelos, conspicuos tiranos sin escrúpulos e inculcadores de los instintos más horripilantes que imperan en las selvas. Esta rebelión por la que muchos abogan no es más que una llamada a depositar en las urnas un voto alejado del miedo, del ‘pesebre’, de la prepotencia, de los comportamientos en los que deben reflejarse personaje político alguno y en la estricta contribución a conseguir que su pueblo se vea alejado de las páginas de sucesos políticos y de los comentarios tabernarios; es una llamada al ejercicio de la responsabilidad cívica y solidaria para poner coto a los desmanes durante los últimos cuatro años cuando menos.
Esta movilización que empieza a sonar también en los oídos de las españolitas y los españolitos de a pie en muchos pueblos y ciudades es también una llamada a la movilización de la conciencia y no solamente a la movilización física como medio para acabar con el virreinato en que se han constituido muchos Alcaldes implantando en algunos casos un régimen de horror y terror en su municipio con el único propósito de perpetuarse en la Alcaldía y en algunos casos hasta convertirlas en hereditarias.
Se trata con esta llamada a la movilización que ya se está apoyando en algunos casos de activar muchas conciencias para rebelarse contra períodos largos de mandatos electorales que son los que han convertido muchos pueblos y ciudades en propiedades privadas de Alcaldes y Alcaldesas. Se trata, pues, con esta movilización de la conciencia de rebelarse contra la inercia, de no votar otra vez al mismo cuando ya se sabe que en vez de servir a su pueblo se ha servido él, que en vez de gobernar para todos sus convecinos y convecinas solo gobierna para quienes le sostienen y que ha perdido las dosis de humanidad que poseían cuando se presentó por primera vez a las Elecciones Municipales para convertirse en un personaje que se encuentra por encima del bien y del mal, habiéndose instalado en el Cielo con quien comparte secretos divinos y es incapaz de tratar y escuchar a los seres terrenales que ya tiene olvidados por inexistentes.
Por todo ello se hace necesaria una movilización social en estas Elecciones Municipales para acabar con los regímenes dictatoriales en que se han convertido algunos pueblos y ciudades, una movilización de la conciencia ciudadana para recobrar la ilusión y la justicia social, una activación de la conciencia de las españolitas y españolitos de a pie que se están viendo coadyuvados, discriminados y/o perseguidos por la temida acción del ‘Dios hecho hombre’ que encarnan los todavía Alcaldes y Alcaldesas.