Antonio Guerrero escritor

Antonio Guerrero

Para muchos, el verano es sinónimo de descanso, playa o montaña. Para el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, era mucho más que eso: era la estación en la que encontraba la inspiración. Durante varios veranos consecutivos se instaló en Sils-Maria, un pequeño pueblo de los Alpes suizos, buscando un clima que aliviara sus continuos problemas de salud y, sobre todo, un entorno que le permitiera pensar. Nietzsche llevaba una vida marcada por fuertes migrañas, problemas de visión y una salud muy frágil. Sin embargo, cuando llegaba el verano y caminaba entre montañas, recuperaba parte de su energía. Decía que las mejores ideas no nacían sentado ante un escritorio, sino mientras se caminaba. En agosto de 1881, durante uno de aquellos paseos junto al lago de Silvaplana, cerca de Sils-Maria, vivió uno de los momentos más importantes de su vida intelectual. Según contó más tarde, fue allí donde se le presentó de forma repentina la idea del eterno retorno: la posibilidad de que todo lo que vivimos vuelva a repetirse exactamente igual, una y otra vez, por toda la eternidad. Aquella intuición acabaría convirtiéndose en uno de los conceptos centrales de su filosofía y aparecería desarrollada años después en su obra Así habló Zaratustra. Más allá de interpretaciones metafísicas, Nietzsche planteaba una pregunta profundamente humana: si tuvieras que vivir tu misma vida infinitas veces, ¿la aceptarías con alegría o la rechazarías? La respuesta, pensaba, revelaba hasta qué punto amábamos realmente nuestra existencia. Hoy, una gran roca situada junto al lago recuerda aquel episodio. Es conocida como la «Piedra de Nietzsche» y se ha convertido en un lugar de peregrinación para lectores y estudiosos de todo el mundo. La historia demuestra que las vacaciones no siempre son un tiempo para dejar de pensar. En ocasiones, cambiar de paisaje, caminar sin prisa o simplemente contemplar la naturaleza puede abrir caminos inesperados a la imaginación. Quizá por eso el verano sigue siendo una estación privilegiada para la reflexión. No porque haya que buscar grandes revelaciones, sino porque, como descubrió el filósofo alemán hace casi siglo y medio, algunas de las mejores ideas aparecen precisamente cuando dejamos que nuestros pasos marquen el ritmo de nuestros pensamientos. Pensar y pasear, parece un antídoto contra el pensamiento único en pro del pensamiento crítico.

Sumario: No hay nada mas recomendable que pasear y pensar durante las vacaciones; dejar a la mente hacer kilómetros

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Antonio Guerrero Ruiz es Doctor en Filosofía. Profesor UNED, Presidente Filosofía en la calle, Comité bioética Poniente y Observatorio Internacional OIDDHH

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