Inicio / Opinión / SE HACE CAMINO AL ANDAR

SE HACE CAMINO AL ANDAR

Por Manuel Pozo Oller

El texto de san Lucas que nos propone la liturgia en este III Domingo de Pascua (24, 13-35) trae a mi memoria la escultura única en nuestra diócesis de la imagen de san Cleofás, uno de los discípulos de Emaús. Su patronazgo custodia la ciudad de Vera desde el 25 de septiembre de 1569. La talla actual salió de la gubia del Padre José María de Vera, en el siglo Alfonso Ramón y Uribe, veratense de pro y destacado escultor y fraile capuchino con quien tuve el privilegio de tenerle como amigo. Lástima que su muerte prematura frustrara el proyecto de reunir su obra en un museo parroquial que proyectamos para mantener viva su memoria. La imagen de san Cleofás, hermosamente bella en su sobriedad, representa al caminante con dos notas singulares. La primera nota iconográfica es una vara florecida, a modo de bordón, que sirve de ayuda para acompasar con firmeza los pasos en el camino y, la segunda, un legajo que prende de su mano izquierda situado a la altura del corazón.

San Cleofás, los discípulos de Emaús de nuestro relato, caminan decepcionados en la convicción de que la muerte de Jesucristo ha cerrado una etapa ilusoria de sus vidas. Regresan a casa con la cabeza gacha. Han perdido la fe en Jesús por el escándalo de la cruz (v.21). Este relato, exclusivo de san Lucas, describe en aquellos personajes la situación en la que se halla la primera comunidad herida por el cansancio, la rutina y la desesperanza para proponer un itinerario catequético-litúrgico para salir de la situación en la que se hallan.

La catequesis, en efecto, describe la situación anímica de los caminantes. Es amargo el camino cuando se deja atrás los sueños de una vida. En estas circunstancias el Resucitado «se puso a caminar con ellos» (v.15) y, trayendo a colación unos versos de Gloria Fuertes, «todo camino que emprendo me prende en la soledad, y allí me encuentro sin ella. (Antes que yo, llegó Dios)».

La catequesis lucana, en consecuencia, nos recuerda los lugares donde podemos encontrar al Resucitado. La escucha de lo anunciado en las Escrituras, provoca que su corazón decepcionado regrese al amor primero (v. 27) y sus ojos se abran para reconocer la presencia del Amado en el pan de la vida: «Tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio» (v.30). Esta experiencia única de encuentro, da un vuelco a las vidas de los caminantes, cambiado su rumbo para regresar a la comunidad y contar «lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan» (v. 35). El evangelista, una vez más, recuerda a la comunidad que «se hace camino al andar».

Manuel Pozo Oller

Párroco de Montserrat

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *