Manuel Pozo Oller sacerdote

Por Manuel Pozo Oller

Elige amar. Elige comunidad

 

Los exégetas coinciden en afirmar que el fragmento del evangelio de san Juan que la Iglesia nos propone en este domingo (6,51-59) fue en su momento recolocado, muy oportunamente, al finalizar el discurso del pan de vida (6, 22-50). Los estudiosos de la palabra de Dios llegan a esta convicción al estudiar los conceptos y el lenguaje que serían de difícil inteligencia sin tener presente lo ocurrido y oído en la última Cena.

El texto, por tanto, de este domingo, es una traslación que se complementa perfectamente y no se entiende sin la referencia, al tiempo, al signo profético del lavatorio de los pies y al símbolo del amor hasta el extremo que se visualiza en hincar las rodillas ante los discípulos y lavar sus pies al modo de los esclavos.

En los versos intensos del pasaje, la redacción da un giro respecto al discurso anterior del pan de vida. Jesús se presenta como «el pan vivo bajado del cielo» y la comunión con él exige «comer su carne» y «beber su sangre». El lenguaje, su expresión, tiene una fuerte carga sacramental que, con toda claridad, remite a la institución de la Eucaristía. La palabra “carne” que alude al sacrificio, y como venimos diciendo a la eucaristía, se repite en este pasaje siete veces, para subrayar vehementemente que, si no se come la carne del Hijo del hombre y bebe su sangre, «no hay vida», en un sentido personal, ni vida «para la vida del mundo» (v. 51).

Los oyentes, confundidos por estas palabras, «se pusieron a discutir», y decían «¿cómo puede éste darnos a comer su carne?». La respuesta de Jesús les ilumina afirmando que quien come y bebe su sangre, tiene la vida eterna y el gozo de la resurrección (v. 54), participa de la mutua inhabitación en cuanto Dios toma asiento en su corazón (v.56), se convierte en instrumento en las manos del Padre (v.57) y goza para siempre de la vida divina (v.58). El pan «bajado del cielo», el alimento que sacia, es alimento de vida y para la vida, no como el maná que «vues­tros padres comieron… y murieron».

En día tan significado como lo es el Corpus Christi nos fijamos en la eucaristía entronizada en la custodia. Contemplando a Jesús en la custodia, realizamos la profecía pronunciada en el momento de la muerte de Jesús en la cruz: «Mirarán al que traspasaron» (Jn 19,37). Es más, dicha contemplación eucarística, es ella misma una profecía, porque anticipa lo que haremos por siempre en la Jerusalén celeste.

La campaña del día de la caridad, promovida por Caritas, celebrada este domingo, nos exhorta a «hacer hueco a los más pobres» con el lema: «Elige amar. Elige comunidad».

Manuel Pozo Oller es Párroco de Montserrat

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