Suelta de tortugas bobas en Mojácar

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Moi Palmero Aranda articulista

Moisés Palmero Aranda es Educador Ambiental

Bajo el lema Reimaginar se celebra el Día de los Océanos para recordarnos su importancia, ya que ocupan casi un 71% de la superficie del planeta; generan entre el 50 y el 80% del oxígeno que respiramos; son los grandes reguladores del cambio climático, absorbiendo un 30% del CO2 generado por el ser humano y el 90% del calor terrestre; y albergan el 90% de la biodiversidad de nuestro planeta.

Sin embargo, a pesar de ser esenciales para nuestra alimentación, riqueza y bienestar, son los grandes desconocidos, ya que el 95% de su superficie está inexplorada. Nuestro futuro, como el origen de la vida, está en ellos, pero conocemos mejor la Luna y Marte que nuestro propio planeta. Y a nuestro desconocimiento tenemos que sumarle los impactos que generamos sobre ellos: plásticos, sobrepesca, calentamiento del mar, desaparición de especies y hábitats, acidificación, eutrofización y un sinfín de barbaridades más que ponen en peligro su estabilidad y la del planeta.

El 17 de enero de este año entró en vigor el histórico Tratado de Alta Mar para proteger el 30% de los océanos para el 2030, objetivo 30-30, que la ONU adoptó en junio de 2023, tras dos décadas de negociaciones. Alrededor de 80 países lo han ratificado y se comprometen a hacerlo cumplir; es jurídicamente vinculante. Todo muy bonito, una gran noticia, hasta que descubres que Rusia, EE.UU. e Israel (y la India, con lo que eso implica), entre otros, no lo han ratificado ni tienen intención de hacerlo. Están más entretenidos matando gente, sometiéndonos al resto y meándose sobre los acuerdos internacionales.

Nosotros, continuando la larga conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, celebraremos los océanos realizando un pequeño museo marino con Radio Federico, dando una charla en el Gabriela Mistral y contando el cuento de Marcos, el joven delfín listado que murió por culpa de las basuras marinas y ahora nada entre las estrellas, y de la tortuga Lola, que hizo un nido en Balanegra, donde los científicos decían que nunca podrían hacerlo por la influencia del agua fría del Atlántico. Es verdad que eso último no ha pasado, pero ya cada vez está más cerca porque el año pasado llegaron a Roquetas de Mar, pero el cuento nos ayuda a mostrar cómo son los rastros y qué hay que hacer si los encuentras. Y esta historia que llevamos años contando me sirve para hablarles de otro evento que va a ocurrir y que ya se está convirtiendo en habitual.

Si no tienen nada que hacer el próximo 15 de junio, acérquense a la playa de la Rumina de Mojácar, donde se van a liberar las 56 tortugas bobas que nacieron el año pasado, de los 99 huevos que puso. Será todo un espectáculo, como lo fue en el Cabo de Gata en 2012, en Pulpí en 2016, y en 2022 en la playa de Sopalmo, también de Mojácar, al liberar 11, 13 y 20 tortugas.

Estas sueltas las hacen coincidir con el Día de las Tortugas Marinas que se celebra cada 16 de junio en honor al Dr. Archie Carr, un ecólogo, conservacionista y gran divulgador estadounidense, pionero en el estudio y protección de las tortugas marinas. Y además, supongo, para vaciar las piscinas, porque se acerca una nueva temporada. En otras comunidades la mayoría las dejan llegar al mar, pero en Andalucía se las llevan todas para garantizar que las tortuguitas al nacer tengan más posibilidades de sobrevivir a los depredadores y a las basuras y, de paso, garantizarse otro ciclo de ayudas económicas para ellos.

Quizá no debería contarles esto, porque lo intentan mantener en secreto para que no vaya mucha gente, porque las tortugas se pueden estresar y poner nerviosas. Se ve que, al meterlas nada más nacer en piscinas en las que pasan un año después de hacerlas cruzar toda Andalucía en coche, repartirlas en varios centros para contentar a todos o cuando los políticos las cogen, posan y juegan a ponerles sus nombres al soltarlas, no se estresan mucho.

En realidad, no es tan secreto, porque invitarán a algún colegio de la zona para ver la suelta y que las fotos luzcan más con los cartelitos de los alumnos deseándoles suerte en su nueva vida. Algo de lo que me alegro y aplaudo. Lo mismo que lo de invitar a los voluntarios, ¡qué menos!, ya que son los verdaderos héroes de que las tortugas vayan al mar porque cuidaron del nido durante varias semanas, día y noche, sin seguro, manutención ni gastos de desplazamiento, solo por amor a la naturaleza.

Ellos son los que deberían soltarlas y salir en todas las fotos. A ellos es a los que quiero escuchar, no a los políticos que me van a contar lo importante que es cuidar al mar con un mensaje que le habrán preparado con datos que desconocen de tortugas marinas, de los GPS que le van a colocar, para luego entrar a insultar a sus rivales y hablar de lo excelsos que son y lo bien que lo hacen. Seguro que de la urbanización radiactiva de Palomares y otras urbanizaciones costeras, a pesar de la subida del nivel del mar, de su falta de valentía para legislar sobre residuos o el destrozo que las redes de arrastre generan a los fondos marinos, no dirán nada.

A ver si esta vez, al menos, tienen el detalle de gastarse las dietas de su desplazamiento y manutención en invitar a los voluntarios a comer, de quedarse en un segundo plano y no sacar a sus hijos del colegio para llevarlos a primera fila. Detalles sin importancia que lo cambiarían todo, pero que no se van a producir.

Y puestos a Reimaginar los océanos, pues a ver si lo hacen a la hora de gestionar los varamientos y los nidos, de respetar a los voluntarios y, espero, que los periodistas, al preguntar ese día y al hacer sus crónicas de la jornada. Pero eso es mucho Reimaginar, así que vayan a disfrutar del espectáculo aunque no les dejen acercarse mucho. Pero, por favor, no griten, tengan un poquito de empatía, que las tortugas se pueden estresar porque estarán cansadas después de un viaje desde Algeciras metidas en cajas y nerviosas ante su nueva vida.

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