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EL ESPÍRITU SANTO: ARTESANO DE LA COMUNIDAD

  Manuel Pozo Oller

La Pascua estalla en primavera con el recuerdo y la actualización de Pentecostés. Desde aquel acontecimiento el Espíritu Santo es el guía de la Iglesia peregrina y artesano de la comunidad.

El evangelio que se proclama en las celebraciones eucarísticas de este domingo nos presenta a Jesús que aparece ante los suyos sumidos en una situación lamentable, atenazados por los miedos y encerrados sobre sus propias desdichas (Jn 20,19-23). El texto precisa que tenían «cerradas las puertas por miedo a los judíos». No está presente Tomás.

El acontecimiento narrado acontece el primer día de la semana. Es la primera aparición del Resucitado a sus discípulos. Encerrados en aquel lugar y en aquellas circunstancias se encuentran los discípulos. No se menciona el nombre de ninguno en particular en alusión evidente de que los particularismos no tienen lugar en la comunidad de seguidores del Resucitado.

La situación anímica de los discípulos es humanamente comprensible. Tenían la sensación de fracasados. Dudaban de los testimonias de aquellos que decían que habían visto al Señor. El evangelista subraya la situación de noche anímica y espiritual constatando que la presencia del Resucitado se produce cuando ya «estaba anochecido». El contraste es evidente cuando en medio de ellos aparece el Resucitado como luz para el mundo que disipa las tinieblas y se torna liberación como lo fue en su momento la liberación de la esclavitud en Egipto (cf. Dt 16,1).

En estas circunstancias, se presenta Jesús, como lo había prometido, en medio de la comunidad. No es un adorno del texto detenerse en la ubicación del Señor. El evangelista subraya que «se puso en medio», en el centro de la comunidad, y les saluda deseándoles la paz y mostrándoles los signos de su amor y su victoria en las heridas de «sus manos y costado». Las manos se alargan para abrazar y bendecir como signo de victoria. El costado traspasado es signo de amor sin límites. La mostración de los signos de la victoria, distienden la tensión del grupo, y su ánimo «se llena de alegría al ver al Señor».

Por segunda vez, Jesús pronuncia el saludo de paz y los asocia a su misión enviándolos a anunciar la buena noticia con el mayor de los avales: «como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (v.21). El envío, no solo sana a los enviados, sino también genera salud y vida para aquellos que reciben el anuncio y se adhieren a la comunidad: «a quienes les perdonéis los pecados, le quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

La Iglesia celebra hoy el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, cuyo lema para este año reza, «Juntos anunciamos lo que vivimos».

Manuel Pozo Oller es Párroco de Montserrat

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