Montse Escobar, psicóloga humanista en Monarka Clinic: “Los hijos no sufren por la separación, sino por el conflicto que la rodea” 

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Montse Escobar, psicóloga humanista de Monarka Clinic
Según los últimos datos publicados por el INE, la custodia compartida alcanzó cifras récord en España durante el año 2024 y ya está presente en la mitad de los divorcios con hijos La psicóloga humanista afirma que la custodia debe responder a las necesidades emocionales del menor y no únicamente a un reparto equitativo de tiempos entre adultos
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Imagen: Montse Escobar, psicóloga humanista de Monarka Clinic.
Cuando una pareja se separa, no solo cambia la estructura familiar. También se transforman las rutinas, los vínculos, la organización del día a día y el equilibrio emocional de todos los miembros del sistema familiar. En este proceso, los hijos suelen convertirse en la principal preocupación de los progenitores a la hora de reorganizar la custodia.Para Montse Escobar, psicóloga humanista de Monarka Clinic, el verdadero debate no debería centrarse únicamente en el reparto de tiempos o en el modelo de custodia elegido.“La separación no daña a los hijos; lo que realmente les perjudica es cómo la atraviesan los adultos, el nivel de conflicto que se mantiene y la forma en que se gestiona emocionalmente todo el proceso”, explica la psicóloga humanista.Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 se registraron 82.991 divorcios en España, un 8,2% más que el año anterior. En los casos con hijos, la custodia compartida ya representa cerca del 50% de las resoluciones, consolidándose como la modalidad más frecuente. El impacto no depende del modelo, sino del conflictoLa especialista advierte de que la evolución de los modelos de custodia no garantiza por sí sola el bienestar infantil: “Hay custodias compartidas que funcionan muy bien y otras que, aunque sean equitativas sobre el papel, resultan desorganizadoras para el niño”, explica.En su opinión, el foco debe situarse en las necesidades reales de cada menor. Para la psicóloga humanista, la clave no está en el reparto de tiempos entre adultos, sino en la mirada hacia el bienestar infantil:“La pregunta clave no es qué es más justo para los adultos, sino qué necesita ese hijo en este momento de su vida”, añade.Además, la psicóloga recuerda que, aunque los menores pueden adaptarse a dos hogares o a nuevas rutinas tras una separación, lo verdaderamente complejo para ellos es convivir con el conflicto entre sus progenitores.“Lo que más les cuesta no es el cambio de rutinas o de hogar en sí, sino la tensión emocional que lo rodea y la sensación de sentirse en medio del conflicto entre sus progenitores”, señala. El riesgo de la parentalización emocionalUno de los aspectos que más preocupa es que, tras una separación, los hijos puedan asumir funciones que no les corresponden dentro del conflicto adulto.“Los hijos no pueden convertirse en reguladores emocionales de sus progenitores ni asumir responsabilidades que no les corresponden en el proceso de separación”, advierte Escobar.Desde esta perspectiva, la psicóloga insiste en la necesidad de proteger al menor de dinámicas que interfieran en su vínculo con ambos progenitores.En este sentido, alerta del impacto que puede tener trasladar el conflicto de pareja al ámbito parental.“Hablar mal del otro progenitor siempre tiene un coste emocional. Para un niño, ambas figuras forman parte de su identidad”, concluye Montse Escobar.

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